Mostrando entradas con la etiqueta Más allá del azar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Más allá del azar. Mostrar todas las entradas

jueves, 26 de abril de 2012

UN PEQUEÑO ERROR...



La historia nos dice que 1929 fue el año donde se cayó la Bolsa de valores de EE.UU. y, en el arrastre subsiguiente, se fueron al diablo bancos, empresas y, detrás de ellos, la gente común y corriente.
No fue la mayor crisis bursátil de la Historia, pero sí la primera de carácter devastador. Por lo cual hay que concluir que la gente era más inteligente en 1929 que ahora (que ya conocemos la Historia pero la repetimos una y otra y otra vez).

En fin, no me hagan caso. Lo que les traigo hoy es una anécdota curiosa. Comencemos con una pregunta:

¿Qué pronosticaban los astrólogos en USA para el año 1929?




De acuerdo a este boletín astrológico realizado por varios "profesionales", el año se presentaría así:

En enero y febrero, se destacan "nubes de guerra" y "probables controversias en los círculos del ejército y la marina" (nada de eso sucedió).

Para marzo, abril y mayo encontramos pronosticadas "epidemias" (no pasó) y empiezan las referencias a la economía: "prosperidad agrícola, gran estímulo a los negocios y un revival del boom inmobiliario" (lo cual es acertado en lo que respecta a la burbuja inmobiliaria).

En junio, julio y agosto hay algunas cosas de simple sentido común, como el "aumento de las adicciones al alcohol y las drogas"" (¡si supieran lo que es hoy en día!), otras que se siguen pronosticando hasta el presente (terremotos) y un vago e inespecífico "progreso industrial".

Llegamos a los meses críticos, donde no hay indicio alguno de la catástrofe. Lo único que se menciona sobre el tema en septiembre y octubre es un "crecimiento del nivel de salarios y consumo" (¡!).
Igual, eso no es nada comparado con el redondeo del año:

"El año cierra con abundancia de capital para todas las necesidades y emprendimientos públicos, con crédito ilimitado para el trabajador".



Andaban un poco torcidos en sus predicciones, no cabe duda. Por lo menos, podían excusarse diciendo que ellos eran astrólogos y no economistas (porque los expertos en economía tampoco anticiparon el porrazo).

miércoles, 11 de abril de 2012

EL INSUMERGIBLE



Siete vidas, esas son las que se supone ha de tener un gato según la creencia popular. Y si los mininos comunes y corrientes difícilmente han de usar más de una, muy distinto fue el caso de un gato conocido como El Insumergible.

La leyenda de este felino comenzó en tiempos tan duros como los de la Segunda Guerra Mundial.
El mar era dominado por la flota inglesa, pero los alemanes tenían algún buque que podía darles batalla. Y así como por estas tierras se vivió el drama del Graf Spee, en el norte fue el turno del acorazado Bismarck.



El Bismarck, botado en 1939, se vio envuelto en feroces combates entre el 24 y el 27 de mayo de 1941. Al principio le fue muy bien, logrando hundir al HMS Hood y dañar severamente al HMS Prince of Wales, dos de los mejores buques de guerra británicos. Pero quedó con el timón dañado y pérdidas de combustible, lo cual terminó por resultarle fatal: fue hundido por los ingleses en la mañana del 27 de mayo.

A bordo había una tripulación de 2.200 hombres, de los cuales sobrevivieron 114. Bueno, además de los 114 hombres... sobrevivió también un gato.



Después de la batalla, el destructor inglés HMS Cossack se dirigió a buscar sobrevivientes. Fue así que un marino del Cossack divisó algo increíble: aterido de frío y maullando, un gato negro se balanceaba en las olas sobre un tablón.

Lo subieron al destructor y, como buena gente, decidieron adoptarlo. Notaron que tenía un collar puesto, donde colgaba un distintivo con el nombre del minino: Oscar.
En vista de lo que había pasado, pasaron a llamarlo "Unsinkable Oscar" (El Insumergible Oscar), pero luego le cambiaron el nombre (probablemente porque Oscar sonaba un poco alemán) y pasó a llamarse "Unsinkable Sam" (El Insumergible Sam).

El asunto es que nuestro amigo Oscar se pasó de bando, cambió de nombre a Sam y pasó a ser mascota del destructor HMS Cossack, ocupándose personalmente de cualquier roedor que quisiera pasarse de listo a bordo.

Pero la vida le depararía aún más sorpresas.



El 24 de septiembre de 1941, el HMS Cossack se encontraba protegiendo un convoy que había salido de Gibraltar, cuando fue torpedeado por un submarino alemán. Gran parte de la tripulación perdió la vida, pero una vez más... El Insumergible fue rescatado.

Pasó algún tiempo en Gibraltar, donde seguramente se debe haber divertido persiguiendo a los tradicionales monos del lugar. Y luego fue adoptado por los marinos del portaaviones Ark Royal:



Aparentemente, los alemanes no perdonaban a los desertores, porque una vez más sucedió que atacaron el buque donde prestaba servicio El Insumergible Sam (ex Oscar).

El 14 de noviembre de 1941, cuando el Ark Royal regresaba a Gibraltar desde Malta, fue avistado por un submarino alemán que procedió a torpedearlo. Aunque dañado severamente, al principio se pensó que había posibilidad de salvar el portaaviones. Sin embargo, pronto comenzó a hacer agua de tal forma que hubo que abandonarlo y se hundió.

Por supuesto, nuestro amigo felino fue rescatado.

Vaya uno a saber lo que pensaron los británicos. Quizás no quisieron perder toda su flota embarcando a Oscar en un buque tras otro.  O a lo mejor entendieron que el gatito había pasado por suficientes malos ratos. La cuestión es que lo destinaron a un casa de retiro para marinos en Belfast, donde fue mascota muy apreciada. Murió en 1955.

Se sabe que los viejos marinos tienen cuentos a montones. Seguramente los hacían en esa casa de Belfast. Pero si Oscar hubiera podido contar los suyos... les ganaba a todos.

También hay que decir que El Insumergible fue inmortalizado. Existe una pintura titulada "Oscar, el gato del Bismarck", realizada por la artista Georgina Shaw-Baker, la cual se encuentra en el National Maritime Museum de Greenwich.
La artista lo retrató flotando en su tablón, al principio de sus azarosas peripecias:



Más allá del azar, Oscar sobrevivió a varios combates navales y a tres hundimientos. Todo un caso.

jueves, 8 de marzo de 2012

ANTHONY Y LAS COINCIDENCIAS



Allá por 1972, faltaba mucho para que Anthony Hopkins, fabuloso actorazo, se hiciera ampliamente conocido por su trabajo en "The silence of the lambs".
En ese entonces, el hombre tenía un ofrecimiento para filmar "The girl from Petrovka" (La chica de Petrovka).

El film estaba basado en la novela de igual título del escritor George Feifer. Y Hopkins ya era por entonces un buen profesional, de modo que decidió comprar el libro y empezar a familiarizarse con la obra y los personajes por su cuenta y lo antes posible.

La cuestión es que o bien Feifer no era un autor solicitado por los lectores o bien era tan solicitado que se vendía rápido (me inclino por lo primero, porque sus novelas eran un plomazo, producto de la Guerra Fría). El buen Anthony recorrió librerías londinenses de aquí para allá y no pudo conseguir un ejemplar de "The girl from Petrovka".

Finalmente, se dio por vencido y se sentó a esperar en un banco del metro, para irse a su casa.
Miró a su costado y vio un libro, abierto y apoyado sobre el banco. No había nadie en los alrededores.
Increíblemente, el libro era "The girl from Petrovka".



Hopkins se lo llevó y comenzó a leerlo. Notó que estaba profusamente anotado en los márgenes, con comentarios acerca de las situaciones y los personajes, notas que le fueron muy útiles al actor para profundizar en la trama y la composición que debía encarar.

Casi dos años después, en plena filmación, Feifer se hizo presente y felicitó a Hopkins por la forma en que estaba llevando a cabo su parte. Y el actor le comentó el episodio del libro y lo útil que le había resultado ese ejemplar encontrado en un banco del metro, justo cuando lo precisaba.

Pero la anécdota resultó más curiosa de lo esperado. Feifer chequeó el libro y reconoció su propia letra: el ejemplar le pertenecía y lo había perdido tiempo antes de que Hopkins lo hallara.
Se puede decir que todo el asunto muestra una sincronicidad casi perfecta: el libro cumplió una misión.

¿Y la película, se preguntará usted?



Digamos que la película no fue un gran suceso. Goldie Hawn hizo lo que pudo, Hal Holbrook hizo lo que pudo, Anthony Hopkins hizo lo que pudo. Pero no hubo caso. 

Ni por "casualidad" entraban muchos espectadores al cine.

sábado, 28 de enero de 2012

CUATRO HERMANOS Y UN EXTRAÑO DESTINO


El buque que se ve en la foto anterior es el USS Cyclops, carbonero de la marina de USA botado en 1910. Durante sus primeros años de servicio operó en el Atlántico, situación que se mantendría con la entrada de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial.

Participó de un gran convoy que fue enviado a Francia en junio de 1917 y regresó a USA en julio, permaneciendo en aguas de la costa este el resto del año, cumpliendo diversas misiones.
En enero de 1918 fue enviado a aguas de Brasil, para aprovisionar buques ingleses.

El 16 de febrero de 1918 partió de Rio de Janeiro, llegando a Bahía el 20 de febrero. Dos días después abandonó ese puerto cargando manganeso, con Baltimore como destino final. Pero nunca llegaría allí.

Tras una parada en Barbados, zarpó nuevamente el 4 de marzo y a partir de allí se desconoce su suerte.
Se supuso que hubiera sido hundido por un submarino alemán pero, revisados los registros tras la guerra, se confirmó que no fue así.



El USS Proteus, que se ve en la foto anterior, es un hermano del Cyclops. Botado en 1912, era también un buque carbonero.
Durante sus primeros años de servicio, cumplió varias y diversas misiones. Entre 1913 y 1914 aprovisionó buques de guerra de su país en el Golfo de México. Luego habría de llevar carga y tropas hacia las Filipinas, en varios viajes a lo largo de 1914.

Seguidamente sería asignado a rutas entre Río de Janeiro y Montevideo. Tras ello, cumpliría diversas tareas entre los puertos de Norfolk, Boston y Nueva York, hasta el fin de la Primera Guerra Mundial.
Posteriormente, operaría en el Caribe, cruzaría el Canal de Panamá varias veces y aprovisionaría buques norteamericanos en Pearl Harbor y El Callao en 1920 y 1921.

En 1924 sería desafectado de la flota y permanecería en situación inactiva hasta que fue vendido en 1941 a una compañía naviera canadiense. Pasó a cumplir funciones como carguero y precisamente en uno de sus viajes en tal tarea, desapareció sin dejar rastro en noviembre de 1941, cuando se dirigía al puerto de Norfolk (USA).

Una vez más, llevaron la culpa los submarinos alemanes. Una vez más, no fue así.


El tercer hermano no fue menos infortunado que los anteriores. Le ven en esa imagen, se trata del USS Nereus.

Botado en 1913, de inmediato fue comisionado a cumplir funciones de aprovisionamiento de la flota de guerra de USA. Cumpliría todo su servicio activo en la flota del Atlántico, hasta ser desafectado en el año 1922.

Permaneció inactivo hasta 1941, cuando fue adquirido por una naviera canadiense y pasó a transportar bauxita entre el Caribe y algunos puertos de USA y Canadá. O al menos esa era la idea, porque desapareció sin que se sepa su destino, en diciembre de 1941, cuando se dirigía (igual que su hermano Proteus) hacia el puerto de Norfolk.

Como en los otros casos, su pérdida fue atribuída a buques o submarinos enemigos. Tampoco fue así, porque los registros alemanes ni lo mencionan.
No lo dije expresamente, pero las tres desapariciones se produjeron en la zona del Triángulo de las Bermudas.

Y hubo un cuarto hermano...


El USS Jupiter fue el cuarto buque carbonero de esa camada. Fue botado en 1912 y cumplió las funciones normales para un buque de su clase. Pero a diferencia de sus tres hermanos, no fue desafectado para permanecer inactivo, sino que fue reconvertido.
Efectivamente, en el año 1920 fue reconvertido en portaaviones experimental, a fin de estudiar el uso posible de ese nuevo tipo de buque de guerra. Fue rebautizado como USS Langley y cumplió diversas tareas, como pionero en sus funciones.

Para cuando USA entró en la Segunda Guerra Mundial, se hallaba en Filipinas. De allí partió a Australia, a medida que Japón ganaba terreno en el Pacífico. A principios de 1942 ya era el último de los cuatro hermanos que navegaba: los otros tres habían partido hacia ese limbo de misterio que es el Triángulo de las Bermudas.

En febrero de 1942 recibió órdenes de dirigirse hacia Java. Estando en camino, fue atacado por bombarderos japoneses, que lograron cinco impactos directos y lo dañaron sin remedio. Al final, escorado y con incendios incontrolables, tuvo que ser abandonado y hundido por dos destructores de su propia flota, para evitar que cayera en manos enemigas.



Cuando finalmente desapareció bajo las aguas, se cerró un círculo de extraño destino sobre cuatro buques hermanos, más allá de toda explicación.

domingo, 22 de enero de 2012

EL PERSONAJE QUE SE IMPUSO AL AUTOR


Cuando un escritor logra publicar su primer novela y ésta resulta ser un super éxito de crítica y de ventas, queda en posesión de una espada de doble filo. Se ha hecho de un nombre con rapidez, pero a la vez se encuentra en la encrucijada de mantenerse a la altura de ese trabajo inicial que lo hizo conocido.

Algo así le pasó a Norman Mailer. Cuando escribió su primer novela, "Los desnudos y los muertos", tenía mucha tela para cortar, mucho material palpable como fuente de inspiración.
Sucede que Mailer había combatido en la Segunda Guerra Mundial, en el frente del Pacífico. Y de allí extrajo las experiencias y los personajes con los cuales construyó su ópera prima. Publicada en 1948, fue objeto de una aceptación inmediata.


El problema para el escritor fue encarar su segunda novela. Comenzó con una idea general: mostrar a un hombre que renta un cuarto para trabajar en una novela sobre la guerra. De a poco, los demás personajes y las situaciones irían surgiendo, pensó Mailer.

Pero la cosa no fue tan sencilla.

El borrador no progresaba mucho, hasta que una madrugada, Mailer despertó de golpe, con la idea de agregar un personaje nuevo: un espía ruso. No concordaba demasiado con la trama, por lo cual ni siquiera el propio escritor comprendió del todo esa idea que había tenido. Pero agregó a su espía imaginario.

Para sorpresa del escritor, el trabajo comenzó a dar frutos. Página tras página, el borrador fue creciendo. Y el personaje del espía ruso, que apenas tenía importancia o cabida al principio, se fue haciendo cada vez más crucial. Al final, ya con la novela terminada, el espía ruso era el personaje dominante en la trama general.

La novela llevaría por título "Costa bárbara". Se publicaría en 1951 y tendría malas críticas y pobres ventas. Pero si bien los lectores la condenaron al olvido, Mailer volvería a acordarse de ella unos años más tarde, cuando detuvieron a Rudolf Abel:


En el año 1957, el FBI lograría uno de sus arrestos más sonados: el espía ruso Rudolf Abel (seudónimo de Viliam Fisher), jefe de una red de inteligencia soviética en USA, sería capturado en un cuarto de hotel de Nueva York.

A medida que se fueron conociendo los detalles de la vida y actividad de este súper espía, la prensa los fue exponiendo para conocimiento del público. Entre estos datos, se supieron las distintas locaciones donde Abel había vivido.
Y Mailer quedó muy sorprendido cuando supo que, en el preciso momento en que tuvo esa súbita "inspiración" de incorporar un espía ruso como personaje en su novela, el espía ruso estaba viviendo en el piso de arriba de su apartamento.

Jamás lo había visto ni había cruzado palabra alguna con él, no se conocían. Y de haberse conocido, Abel, que era un profesional a toda prueba, nunca hubiera dado indicio alguno de su verdadero metier (de hecho, fue arrestado porque uno de sus subordinados cometió un error).  

Mailer siempre recordó esta extraña anécdota, a la que se negaba a catalogar como "coincidencia".
En todo caso, es un suceso que parece ir más allá del azar.

domingo, 1 de enero de 2012

LA RUEDA DEL DESTINO



La rueda del destino puede asumir cualquier forma, incluso la de una rueda de bicicleta. Por lo menos, eso es lo que le pasó a Monique Van der Vorst.

Nacida en 1984 en Holanda, su pasión fue el deporte desde niña. A sus trece años jugaba hockey sobre césped, con buen suceso pero sufriendo frecuentes lesiones en los tobillos. A fin de remediar la situación y evitar problemas futuros, la solución de los médicos fue encarar una cirugía.

Iba a ser fácil, iba a ser rápido, iba a ser un episodio rutinario. Pero el destino de Monique iba a comenzar a girar rudamente: la operación no salió bien, su pierna se hinchó en el post operatorio y la joven atleta vio como se ponía morada su extremidad y se llenaba de líquido cada día más.

El resultado fue una pierna inutilizada.

La rueda del destino siguió girando mal. A la pierna izquierda paralizada se sumó el mal funcionamiento de la rodilla derecha y la extensión de las lesiones hacia el tronco de la joven. Antes de darse cuenta, estaba en una silla de ruedas, a una edad donde las chicas piensan en chicos, amigas, deportes y bailes.



Para cualquiera de nosotros, el fin del mundo. Pero no para esta muchacha.
Decidió encauzar su dificultad en el deporte: comenzó a entrenar para correr en triciclos especiales, en competiciones paralímpicas.

Cosechó éxito tras éxito, gracias a una férrea disciplina deportiva y mental que se autoimpuso. En 2001 fue campeona europea. En 2002 fue campeona mundial. Repetiría estos galardones en 2003 y 2004 respectivamente.



En 2005 continuaron los triunfos, que incluyeron un nuevo récord mundial en maratones de su especialidad. En 2006 fue campeona mundial nuevamente. Y comenzó el año 2007 de una manera espectacular: ganó las maratones de Roma, Rosenau y Bonn, así como tres carreras en USA  y varias en su país de origen.

Para Monique, cada triunfo era un estímulo hacia su meta próxima: los Juegos Paralímpicos de Pekín de 2008. Y todo hacía pensar que obtendría lo que se proponía: una descollante actuación en ese evento.

Pero la rueda del destino giró bruscamente otra vez: entrenando en Tampa (Florida, USA), un coche la atropelló y sufrió lesiones en la columna vertebral.
Si aplicamos la lógica, deberíamos suponer que esta deportista dio por finalizada su carrera en ese instante. Pero acá no interviene la lógica, sino el esfuerzo, el temple y la fortaleza de espíritu.

La joven holandesa cumplió a rajatabla con el tratamiento que los médicos ordenaron, pero además continuó entrenando. Cuatro meses después, se presentó en Pekín para competir, aún usando el collarín que los especialistas consideraron imprescindible. Y volvió a su casa con dos medallas de plata.



No crean que la historia de Monique se cierra allí, porque la rueda de su destino habría de dar otro giro brusco más. Con consecuencias aún más extrañas que las vistas hasta ese momento.

En el año 2010 se encontraba entrenando en Mallorca, ya pensando en los Juegos de Londres, cuando volvió a ser víctima de un accidente: su triciclo fue embestido por una bicicleta y la atleta paralímpica sufrió lesiones nuevamente.

Pero esta vez, el paso del tiempo le trajo algo realmente inesperado. Tras meses y meses de recuperación en el hospital, un día sintió algo completamente imposible: espasmos y cosquilleos en sus piernas. Los médicos, anonadados, no tenían explicación alguna para ofrecerle.
Y lo que parecía inaudito, se confirmó: la rehabilitación hizo que Monique abandonara su silla de ruedas:



La foto anterior, tomada en el 2011, me parece una de las imágenes más gráficas y reconfortantes que he visto en mi vida. Por eso elegí este post para empezar el 2012.

Ya saben ustedes que este blog trata sobre eventos misteriosos. Creo que ya encierra bastante misterio el triunfo del espíritu humano sobre la adversidad, pero además, en este caso hay un misterio extra porque nadie pudo explicar en forma convincente y científica lo que pasó. Simplemente, sucedió.

¿Dios? ¿Azar? No importa. Dejemos esas discusiones para los filósofos y los teólogos, que tampoco van a llegar a conclusión alguna. Mientras tanto, es agradable saber que aún hay historias con final feliz.

lunes, 29 de agosto de 2011

EL VIAJERO DE LAS FINANZAS


Amigo/a lector/a de este delirante blog, voy a formularle una pregunta: ¿Qué haría usted si pudiera viajar en el tiempo?

Estoy seguro de que las respuestas serán notablemente variadas. Algunos pensarán que es mejor mantenerse en el presente, otros desearán volver en el tiempo para cambiar algunas cosas, habrá quienes piensen en reencontrarse con seres queridos que ya no están y, seguramente, no faltarán quienes deseen curiosear en el futuro.

Por supuesto, más allá de los intereses científicos, culturales, afectivos y demás, también los hay más mundanos y directos. Volver al pasado sabiendo lo que va a ocurrir, puede resultar una posibilidad para enriquecerse. De eso trata la historia que les traigo hoy.

Allá por fines del año 2002 comenzó a circular una leyenda urbana persistente. Se decía que un individuo llamado Andrew Carlssin había sido arrestado por la policía neoyorquina, a pedido de la SEC (Securities and Exchange Comission), organismo federal de USA que vigila, entre otros cometidos, las transacciones en el mercado de valores.



¿Cuál era el crimen cometido por este hombre? En principio, se sospechaba que manejaba información privilegiada y secreta sobre empresas, pero los investigadores sabían que tenía que haber algo más, mucho más, detrás del buen Andrew.
¿Por qué? Pues porque había realizado 126 operaciones de compraventa de acciones en la Bolsa y las 126 habían arrojado enormes ganancias, al punto que había comenzado con 800 dólares y ahora poseía inversiones del orden del los 350 millones de dólares. Y todo en menos de un año.

Los chicos de la SEC no son gente que se chupe el dedo. Partían de la base de que Carlssin era el "hombre de paja" de algún grupo delictivo que, por medios ilegales, había obtenido información de empresas. Pero aún así, estaban sorprendidos. Por mucho que intentaran diagramar la maniobra, los resultados sobrepasaban las posibilidades de cualquier banda mafiosa.

Además, había un detalle nada menor que había surgido en las investigaciones: antes del año 2002 no existía el tal Andrew Carlssin en ningún registro oficial.

¿Entonces? Entonces había que interrogar al tipo y llegar al fondo del asunto. Pero lo que Andrew les dijo los descolocó del todo:


Al principio, trató de justificar sus inversiones adjudicándolas a la buena suerte. Luego, afirmó que había estudiado el mercado y sacado conclusiones. Pero la suerte y los conocimientos no podían avalar lo que no tenía justificación.

Al final, Carlssin se derrumbó y realizó una declaración de cuatro horas de duración, para la cual nadie estaba preparado: afirmó provenir del año 2256 y haber viajado en el tiempo con una sola finalidad, la de hacerse rico y llevar una buena vida.
Gracias a que tenía un trabajo administrativo en el laboratorio militar donde se había desarrollado la tecnología necesaria, clandestinamente se había jugado el pellejo para realizar el viaje en el tiempo. Y allí estaba.

Las autoridades policiales y la SEC reaccionaron como cabía esperar. Juzgaron que el tal Carlssin había obtenido una falsa identidad por medios ilegales, así como ahora optaba por hacerse pasar por loco para zafar de las acusaciones. Asunto terminado.

Pero allí entraron en acción otros resortes. La investigación fue de interés del FBI y ellos se hicieron cargo de Carlssin. Asimismo, la CIA entró en contacto con el tema y otras agencias de inteligencia manifestaron interés. Pronto, muy pronto, el paradero de Carlssin fue desconocido: se dijo que había sido internado en un manicomio, que había sido liberado por falta de pruebas, que todo el asunto era un invento de una revista sensacionalista, etc., etc.

Lo cierto es que Andrew Carlssin no volvió a ser visto. Y todo el asunto no pasa de ser una anécdota, una leyenda urbana.


¿O no?

lunes, 8 de agosto de 2011

CUANDO ZEUS TE PERSIGUE


El señor Melvin Roberts estaba leyendo el diario en un sofá de su casa, en Seneca (Carolina del Sur, USA), cuando notó que se aproximaba una tormenta. Recordando que había dejado su cortadora de césped a la intemperie, decidió salir a cubrirla con una lona protectora.

Mala decisión.

Estaba en plena tarea cuando fue alcanzado por un rayo. Por suerte, uno de sus vecinos se dio cuenta de lo que había pasado y acudió en su ayuda. Llamada una ambulancia, los paramédicos le prestaron los primeros auxilios y lo llevaron a un hospital.
Se le constataron quemaduras y ampollas en piernas y pies, por lo cual quedó internado, además de que los médicos deseaban realizarle más análisis para descartar otras posibles consecuencias del impacto.

Y quedaron atónitos cuando el buen Melvin les dijo que no era la primera vez que le caía un rayo.

"¿Esto mismo ya le sucedió antes?", preguntaron.

"Si, claro que sí, es la sexta vez que me golpea un rayo", contestó el hombre.



La vez anterior había sido en el año 2007. El último recuerdo conciente que conserva Melvin de esa ocasión, es estar caminando hacia su casa en medio de una fuerte tormenta desatada. Y lo siguiente es el despertar con terribles quemaduras.

Las otras cuatro veces anteriores a esa, habían sido igualmente graves, pero en cada ocasión el hombre logró reponerse.



Algunos científicos han aventurado que la probabilidad de ser golpeado por un rayo dos veces es de una en nueve millones. Pero no se conocen estadísticas para un caso como éste.

Si yo estuviera en el lugar de Melvin, no vuelvo a salir de casa ni con un sol radiante.
Por las dudas.

viernes, 1 de julio de 2011

LAS EXTRAÑAS EXPERIENCIAS DE UN AVIADOR


Víctor Goddard fue un integrante pionero de la Real Fuerza Aérea británica. Atravesó dos guerras mundiales y sobrevivió, lo cual no es moco de pavo. Pero por si esto pareciera poca cosa, diremos que este hombre tuvo, a lo largo de su vida diversas experiencias con el mundo de los fenómenos paranormales.

La primera de ellas le aconteció con apenas once años de edad, pero siendo ya cadete de una escuela militar (los tiempos eran otros y se podia ingresar a una carrera en la milicia con muy poca edad).
El año era 1911 y el pequeño Víctor estaba feliz por tener un fin de semana para estar en familia. Pero apenas llegó a su casa notó una extraña inquietud en su madre, un desasosiego que la turbaba.

¿Cuál era la causa? La señora había leído las noticias sobre una crisis militar en Marruecos, la cual podía derivar en una guerra entre Francia y Alemania, con Inglaterra seguramente interviniendo en caso de producirse.
Mientras la madre de Goddard le hablaba de sus temores, lloraba continuamente. Y fue entonces cuando el pequeño, movido por el deseo de consolarla, soltó de golpe unas palabras que le salieron sin saber de dónde:

"No te preocupes, madre. No habrá guerra hasta agosto de 1914. Y durará hasta 1918, pero yo estaré bien".

Naturalmente, la señora no se calmó en absoluto. Simplemente, consideró que su hijo le estaba diciendo cualquier cosa, lo primero que le venía a la mente para que se tranquilizara. Pero esas palabras volverían a la mente de ambos en agosto de 1914, cuando Inglaterra entrase en la Gran Guerra (que posteriormente se llamaría Primera Guerra Mundial).


Precisamente tras el fin de esa guerra (que atravesaría sin un rasguño, como le vaticinó a su madre) es que Víctor Goddard tendría un segundo contacto con los fenómenos paranormales.
El año es 1919 y encontramos a Víctor enrolado en la fuerza aérea. La guerra ha terminado hace apenas un par de meses, cuando el escuadrón recibe una típica orden británica: deben tomarse una foto de grupo para que sea incluída en los archivos oficiales.

Se trata de menos de 200 hombres, un escuadrón bastante raleado por los avatares del combate. Pero una orden es una orden y todos se ponen al servicio del fotógrafo militar enviado. Se los agrupa y se toma la foto, que debe ser perfecta para los archivos de guerra.
Luego del revelado, el profesional examina puntualmente la imagen para determinar si servirá o si, en su defecto, habrá de tomarse otra.

Es entonces cuando el fotógrafo se siente fastidiado. En una parte de la imagen aparece un hombre que parece haber llegado tarde a la foto. Ni siquiera se ha puesto la gorra del uniforme. Y no se le ve bien, pues está detrás de un compañero, casi oculto. Además, supone el fotógrafo que a causa de la iluminación y las sombras, su silueta es difusa.

Lo vemos a continuación, en la parte de la foto donde aparece y en una ampliación:


El fotógrafo sabe que el hombre será sancionado, pero no tiene otro remedio más que informar al comandante y solicitar permiso para volver a tomar otra imagen. Ya en el despacho del comandante, explica la situación y el oficial, que examina la foto, de pronto palidece.
Apenas balbucea unas enigmáticas frases como respuesta:

"No se tomará otra fotografía, eso se lo aseguro. El escuadrón está....realmente completo en la imagen y además.....no puedo ordenarle al sargento Jackson que pose con la gorra para usted".

Cuando el fotógrafo pregunta el motivo, la explicación lo deja atónito:

"El sargento Jackson falleció el día anterior a que se tomara la foto. Y el escuadrón llegaba de su entierro cuando los hicimos agruparse para usted."

La foto, por supuesto, no fue repetida. Está en los archivos oficiales británicos y, dadas las circunstancias, muchos hombres del escuadrón solicitaron una copia (Goddard entre ellos).
El sargento mecánico Freddy Jackson (que es el hombre sin gorro) había muerto efectivamente en un accidente antes de tomarse la fotografía.

La siguiente experiencia paranormal de Goddard le acontecería en 1935.


Para entonces, Víctor Goddard era un excelente piloto militar. Y una mañana se hallaba al mando de un biplano Hawker Hart (como el de la imagen anterior), cuando atravesó una peligrosa situación.

El tiempo era muy malo y se hallaba volando en Escocia sobre terreno montañoso. Las nubes eran tan copiosas y oscuras que Goddard intentó elevarse por encima de ellas para tener una visión mejor. Pero había llegado a los ocho mil pies de altura sin superar las nubes, cuando tuvo una desgracia: el motor falló y el avión comenzó un abrumador descenso en espiral.

El espiral se transformó en picada incontrolable y Goddard se encaminaba hacia una muerte segura. Luchando con el motor y los controles, se encontró más pronto que tarde a unos doscientos pies de altura, cuando recuperó la funcionalidad del aparato y lo enderezó a tiempo.
Estaba tan cerca de tierra que las nubes quedaron encima de su avión y la visibilidad era buena, a tal punto que lograba ver un aeródromo militar cercano:


Goddard sabía que se trataba del aeródromo de Drem, pues era el único en la zona. Pero algo no andaba bien en su aspecto: se veían edificios nuevos y algunas estructuras estaban pintadas de colores diferentes. Por supuesto, esos cambios eran imposibles en el breve tiempo pasado desde el despegue.

A fin de observar mejor, el piloto decidió hacer una pasada sobre la pista. Y allí fue donde entendió que algo anormal estaba sucediendo, pues vio a varios mecánicos vestidos de mameluco azul, que trabajaban en aviones de color amarillo, uno de ellos un monoplano como el que vemos a continuación:


Lo cierto es que nada encajaba. La Real Fuerza Aérea no tenía monoplanos como ese, no pintaba sus aviones de color amarillo y, encima, sus mecánicos no tenían overoles azules.
Además, el personal de tierra del aeródromo no parecía ver el avión de Goddard ni reaccionaba al ruido de su motor.

No era momento para reflexiones, porque el avión podía fallar otra vez y Goddard tenía que llegar a su destino. Se encaminó hacia la base de destino y allí se reportó. Comentó el incidente con sus superiores y éstos fueron expeditivos: le preguntaron directamente si estaba borracho.
Ya en conversación con sus colegas, el piloto obtuvo la confirmación a sus ideas: el aeródromo de Drem no tenía nada de lo que Goddard vio.

Prudentemente, Goddard no incluyó nada de lo que le pasó en su reporte oficial, donde quedó asentada la falla del motor y nada más. Pero tanto él como sus camaradas recordarían lo sucedido cuatro años más tarde, en 1939, cuando algunos aparatos de la R.A.F. comenzaron a usar el color amarillo, los mecánicos militares fueron provistos de overoles azules y un monoplano igual al visto por Goddard comenzó a ser utilizado para entrenamiento (el Magister M14).
Por supuesto, fue el año en que el aeródromo de Drem fue reacondicionado y se agregaron nuevos edificios.

El último suceso extraño que le aconteció a nuestro amigo Goddard fue en 1946 y comenzó en la ciudad de Shanghai.



Recién había terminado la Segunda Guerra Mundial y Víctor Goddard pasaba su última noche en la ciudad. Estando en una fiesta de camaradería, precisamente ofrecida en su honor, uno de los presentes se le acercó y le dijo en un aparte:

"No sé si debería decirle lo que voy a contarle, pero tengo que hacerlo para estar en paz conmigo mismo."

Quien hablaba así era un conocido de Goddard, el capitán Gladstone (por entonces comandante de un crucero británico). Y la historia que relató acto seguido fue más que extraña.

"Soñé que usted partía en un avión con la tripulación y tres pasajeros civiles. Creo que el aparato era un Dakota. Lo que quiero decirle es que, en ese sueño, vi también que el vuelo tenía dificultades, teniendo que hacer un aterrizaje forzoso tras pasar unas montañas. Pero todo salia mal, se estrellaban y morían, incluido usted."

Goddard sopesó muy bien las palabras de su interlocutor. Las experiencias vividas con anterioridad le habían enseñado a considerar seriamente los fenómenos paranormales. Pero un sueño era, la mayor parte de las veces, sólo un sueño. De modo que tranquilizó al capitán y no volvió a hablarse del tema.

Al día siguiente, cuando Goddard llegó al aeródromo dispuesto a tomar su vuelo, se encontró con la primer sorpresa desagradable: el avión que le esperaba era un Dakota.

El DC3 Dakota era un avión de transporte militar, uno de los tantos tipos usados por entonces. Pero tampoco era tan raro que le hubiese tocado uno. Lo que sí hubiera sido raro, pensó Goddard, es que hubiera pasajeros civiles en su vuelo militar, cosa totalmente prohibida que, por sí sola, quitaba credibilidad al macabro sueño que le contaron.

Para su sorpresa, tres civiles subieron tras él en el avión. Se trataba del Cónsul General más un periodista y una secretaria que le acompañaban. Las influencias del Cónsul les habían permitido tomar ese vuelo, cosa que iba contra las reglas.
Sin tiempo a decir nada, ya los motores rugían y el aparato rodaba por la pista. El escenario del desastre estaba armado tal y como lo había soñado el capitán Gladstone.

El vuelo comenzó en forma placentera (aunque supongo que Goddard no se sentiría del todo bien), hasta que el aparato comenzó a experimentar problemas. Sumado a esto, el tiempo tormentoso empezó a zarandear el avión. Al fin, ya en territorio japonés (se dirigían a Tokio) el piloto anunció que haria un aterrizaje forzoso, pues no podía continuar en vuelo.

Goddard miró por la ventanilla y vio las montañas anunciadas en el sueño. Sabe Dios cómo logró conservar la calma, aunque supongo que si había pasado por un par de guerras espantosas, ya sabría tomar las cosas con cierta filosofía.
Pasaron las montañas, el piloto buscó un claro y realizó el aterrizaje forzoso. Todo igual que en el sueño, excepto que el descenso salió bien y nadie resultó lastimado.

Cuentan que lo primero que hizo Goddard al llegar a la ciudad, fue poner un telegrama para el capitán Gladstone:

"99 por ciento de su sueño fue acertado. Por eso le envío este telegrama desde el más acá."

Goddard moriría con 87 años, habiendo dedicado los últimos veinte a la investigación de los fenómenos paranormales, tema que le interesaba enormemente.
Lo cual no resulta raro, teniendo en cuenta sus extrañas experiencias.

viernes, 13 de mayo de 2011

GUARDÁ EL JUEGO EN LA CAJA, HACEME EL FAVOR !!


Ya tuve ocasión de hablarles en este post acerca de las inquietantes coincidencias entre algunos desastres de la vida real y las ilustraciones de las cartas de un juego de mesa llamado "Illuminati: el juego de la conspiración".

Curiosamente, como ya dije, las cartas fueron diseñadas para lanzar el juego a la venta en 1995, mientras que algunos de los episodios ilustrados en ellas sucedieron más de un lustro después.
Ahora volvió a darse otra de esas similitudes, a través de esta carta:


Lo que muestra la imagen es una catástrofe que pudiera ser un incendio, una explosión, un terremoto o algo similar. La carta no lo aclara expresamente en su leyenda explicativa, donde hace alusión a "dos desastres combinados".
Si lo vemos de esa forma, podría ajustarse a "un terremoto más una catástrofe nuclear", como lo que aconteció en Fukushima, ¿no? Pero también podría decirse que la comparación es un poco traída de los pelos....hasta que lo miramos de esta forma:


La torre que se desmorona en la ilustración de la izquierda es bien parecida a la que se ve a la derecha, que no es otra que la Torre Wako de la ciudad de Tokio.
No es Fukushima, pero ubica el problema en forma bastante cercana, lo cual no deja de ser sorprendente.

jueves, 31 de marzo de 2011

¿LA FÓRMULA DE LA SUERTE?



Joan Ginther sería una profesora más de Matemática (sigo pensando que no le va el plural a esta disciplina), si no fuera por una pequeña minucia que la hace particular: se ganó cuatro veces la lotería.

Su historia transcurre en el pequeño pueblo rural de Bishop (Texas, USA), donde era una casi anónima residente hasta que en 1993 ganó (en forma compartida) un premio de once millones de dólares.

Pasarían varios años y en el 2006 la profe se ganaría un premio de dos millones de dólares, esta vez sin compartir. Un par de añitos después (¿ya con la fórmula perfeccionada?) nuestra amiga Joan se ganó tres millones de dólares para ella solita. Y en el año 2010 repitió el batacazo (corregido y ampliado), ganando la friolera de diez millones de dólares (única acertadora).

No tengo los datos para decirles cuál es la probabilidad de semejantes aciertos (habría que saber cuántos números componen la lotería de Texas y cuántos compró la profe en cada ocasión), pero de algo estoy seguro: se trata de un suceso estadísticamente casi imposible.

La gente empezó a murmurar (porque chismosos hay en todas partes, hasta en Bishop) y entonces Joan lo arregló muy fácil: se fue del pueblo, no sin antes donar su casa a una institución de caridad.
Lo único que se sabe es que se mudó a Las Vegas (muy apropiado para quien gusta de apostar) y nunca más apareció por su lugar natal.

¿Suerte o algo más? Ustedes deciden.

viernes, 18 de marzo de 2011

EL AÑO QUE VIENE, A LA MISMA HORA



El mundo del azar y las "coincidencias" puede tener tambíen ribetes trágicos. Por lo menos, ese fue el caso que se dio en Hamilton (Bermuda) en 1975, cuando un joven llamado Erskin Lawrence Ebbin realizó una mala maniobra conduciendo una pequeña moto y fue a impactar contra un taxi, con tales consecuencias que falleció.

Cuando la Policía arribó al lugar del accidente, encontró al taxista y a su pasajero visiblemente alterados. Y no era para menos: exactamente un año atrás, el mismo chofer conduciendo al mismo pasajero había chocado contra una moto, falleciendo el joven que la conducía.

Para ambos hombres, entonces, el lamentable episodio era un deja-vu de un suceso que ya habían vivido.
Pero faltaba algo más escabroso todavía: cuando la Policía determinó la identidad del muchacho, se constató que era hermano del que había muerto en el accidente del año anterior. Y por si las "coincidencias" no fueran suficientes, la moto era la misma y ambos hermanos murieron con la misma edad, 17 años.



Demasiado es demasiado.

martes, 7 de diciembre de 2010

UN HALLAZGO IMPOSIBLE


El sonriente señor de la foto se llama Maurice Green y su felicidad se basa en un hallazgo inusitado, prácticamente imposible.

Resulta ser que el buen Maurice, que ya tiene sus años, es coleccionista de medallas militares. Y por ese motivo no se pierde ninguna "feria de pulgas" que quede en las cercanías de su localidad.
El mes pasado acudió a una feria en Rotherham (Reino Unido) y comenzó a recorrerla, esperando tener suerte y encontrar alguna medalla interesante.

Mientras miraba los objetos de uno de los puestos, el vendedor le ofreció la corneta que tiene entre sus manos en la foto. No era ni remotamente lo que Maurice buscaba, pero por algún motivo inexplicable decidió comprarla y desembolsó las cinco libras que costaba.


Cuando llegó de vuelta a su casa, contempló el objeto y se sintió un poco arrepentido de haberlo comprado.
¿Para qué lo queria, si él sólo coleccionaba medallas? Cosas de viejo, se dijo a sí mismo.

Pero ya que lo tenía, se puso a limpiarlo como es debido. Y poco a poco, la vetusta corneta fue recuperando algo de su brillo, si bien su apariencia dejaba mucho que desear pues el instrumento estaba muy golpeado.

De pronto, algo llamó la atención de Maurice: al pasar un trapo, se hicieron visibles unos números grabados en la corneta, números que le resultaron extrañamente familiares.
Cuando reparó nuevamente en las cifras, corrió a un cajón a buscar un viejo documento militar. Los números que lucian en el amarillento papel concordaban precisamente con las cifras de la corneta, marcando un hecho que parecía imposible: ese instrumento había pertenecido al abuelo de Maurice, muerto en la Batalla de Somme en 1916.



El abuelo de Maurice se llamaba Daniel Clay y se enroló en el ejército inglés al inicio de la Primera Guerra Mundial. Su número de servicio era el 13202, mismo que lucía en la corneta.

Para el año 1916, el señor Clay tenía apenas 26 años. Participó en la Batalla del Somme, una de las más sangrientas, donde los ingleses tuvieron alrededor de 432.000 bajas.
Si bien la batalla duró varios dias, el joven Daniel fue reportado como muerto en combate en la jornada del 1º de julio, siendo que su cuerpo jamás fue recuperado.

Pasaron 94 años y, por algún motivo que escapa a toda lógica, el nieto encontró en una feria vecinal ese extraño instrumento, cascoteado a más no poder, que sin embargo llamó su atención lo suficiente como para comprarlo.

¿Simple casualidad?