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martes, 3 de julio de 2012

MÁS MARKETING CON ZOMBIS



¡Prepárese para el Zombiegeddon! Eso es lo que propone un comercial de reciente aparición en USA.
Entendiendo el "zombiegeddon" como una especie de armagedón o apocalipsis zombi, la pieza publicitaria es breve y concisa. Muestra a un caminante solitario moviéndose en un escenario donde parece que nada se mueve. Parece.

Pero resulta que algo se mueve en las sombras. Son unas criaturas zombis que se describen como "alimañas", aunque se ven como una cruza de hurones con ratas y con... vaya uno a saber.




El caminante resolverá el problema a su manera. ¿Cómo? Pues con las balas ZOMBI-MAX, nuevo producto desarrollado por Hornady, fabricante de municiones que es quien puso la plata para el comercial.



Además, en la página web de la empresa puede verse una promoción para aquellos interesados en tener su propia máquina para fabricar municiones zombi-max. Se pondrá en venta una pequeña planta de fabricación manual, por medio de una subasta a beneficio de veteranos.



Seguro que habrá ofertantes porque, después de todo, uno no puede saber cuándo va a dar comienzo el apocalipsis zombi. Y hay que estar preparado, ¿no?

Les dejo el video de la publicidad a continuación y el link del fabricante.




¡Las cosas que hay que hacer para facturar hoy en día!

domingo, 6 de mayo de 2012

CALENDARIO DEL FIN DEL MUNDO



Ya imaginarán ustedes que este año vamos a tener un montón de alertas sobre el fin del mundo. Y eso que nos queda un largo camino todavía, antes de llegar al clímax del asunto en diciembre (todo porque los mayas se cansaron de tallar y llegaron hasta ahí).

Aprovechando el tema, traigo para todos los visitantes de Expedientes XXL un calendario bien interesante. El artista, cuyo nombre desconozco, decidió poner en perspectiva las cosas y tomárselas en solfa. Cada mes del 2012 fue ilustrado con una causa posible de catástrofe, pero en estética pin-up. Maravilloso.

Se los dejo a continuación, esperando que les guste.













Después me cuentan si alguno les gustó en especial. Yo me pronuncio por la rebelión de las máquinas (junio) y la lluvia de meteoritos (diciembre), pero esos invasores del espacio (marzo) tienen un toque gracioso.

EDITADO y agregado septiembre, el terremoto que nos faltaba:



Buen movimiento.... de tierra.

domingo, 25 de marzo de 2012

TRANQUILIZANDO A LA POBLACIÓN


Recién estamos en marzo y ya comenzaron a asomar la cabeza los agoreros del apocalipsis maya pronosticado para diciembre.

El señor Decio Colla es alcalde de la localidad de San Francisco de Paula (Rio Grande do Sul, Brasil).
Si sus veinte mil habitantes le eligieron pensando que un señor mayor aportaría sensatez y calma al lugar, se equivocaron rotundamente. El hombre no encontró mejor cosa que empezar desde ya a alertar a la población, ante lo que considera una tremenda catástrofe apocalíptica que se avecinará en diciembre.



Aparentemente, el alcalde asocia el ocio con comer helado, porque ha declarado terminantemente que

"No podemos esperar sentados comiendo helado. Tenemos que actuar."

Según él, la geografía ayuda a su pequeña ciudad. Puesto que se encuentra a 907 metros de altura, el tsunami a producirse no afectará a San Francisco de Paula.
Pero no por eso deben confiarse sus habitantes, sino que es hora de empezar a tomar precauciones.
Por de pronto, el buen Decio aconseja hacer acopio de sal, arroz, frijoles y agua potable.

"En mi casa voy a estar preparado para permanecer dos o tres meses sin ningún tipo de servicio. Al menos voy a tener qué comer."

Más aún, el hombre tiene muy claro lo que va a suceder. Y te lo explica:



Por algún motivo que sólo él sabrá, Decio postula que las placas tectónicas sudamericanas y africanas chocarán, provocando una gigantesca onda sísmica y un tsunami que barrerá las costas.
Pronostica una ola que tendrá entre 120 y 180 metros de altura, viajando a una velocidad de 600 kilómetros por hora.

No vayan a creer ni por un instante que este hombre es un ignorante o un aprovechado. Decio Colla es padre de familia, médico de profesión y persona muy respetada en sus pagos. Cree sinceramente en lo que afirma.
El problema, naturalmente, es que no parece haber sopesado el pánico desatado que este tipo de afirmaciones puede generar.

viernes, 15 de julio de 2011

EL INCIDENTE VELA


Entre los múltiples proyectos que el gobierno yanqui llevó a cabo, uno de ellos recibía el nombre de Proyecto Vela. Básicamente, consistía en la implementación de una serie de medidas para detectar explosiones nucleares, ya fuese que ocurrieran en la atmósfera, en tierra o en el subsuelo.

Parte de los instrumentos que se utilizaban para ello eran una serie de satélites equipados a tales efectos. Comprensiblemente, la idea era la detección de las pruebas nucleares soviéticas, pero estaban preparados para alertar sobre cualquier tipo de explosión de magnitud importante.

En esa tarea estaban cuando sucedió algo extraordinario el 22 de septiembre de 1979, algo tan raro que permanece aún en el misterio más absoluto. Y se le conoce como el Incidente Vela.



Todo comenzó cuando el satélite Vela 6911 registó actividad inusual. Pero los operadores en tierra no estaban preparados para lo que vieron a continuación en sus monitores: la doble onda característica de una explosión nuclear en la atmósfera.

Los expertos pusieron manos a la obra y procedieron a analizar los datos obtenidos. El resultado fue concluyente: una explosión de tres kilotones se había llevado a cabo en la baja atmósfera, en un punto aproximado a los 47 grados Sur y 40 grados Este.

El sitio especificado apuntaba a las islas Príncipe Eduardo, que están bajo bandera sudafricana.




Ahora bien, la cuestión que los norteamericanos deseaban averiguar no era sencilla. Sabían que una explosión nuclear se había llevado a cabo, pero ¿se trataba de una prueba o de un accidente?
Y sobre todo, ¿quién era el responsable?

En la ficción, todo resulta sencillo. Basta mandar un agente como James Bond y el tipo en un rato ubica a los culpables, les da una paliza y salva el mundo (y se queda con la chica, claro está).
Pero las tareas de inteligencia en el mundo real no tienen tanto "charme".

Los satélites Vela habían detectado en el correr de los años cuarenta y un explosiones anteriores, de las cuales ya se sabía su origen antes que fueran realizadas o, en su defecto, se confirmó posteriormente sin ninguna dificultad. Pero de ésta no se hacía cargo nadie.

La primer medida que tomaron los jefazos yanquis fue realmente típica: mantuvieron todo en secreto.
Para decirlo de otra manera: si algo se estaba tramando en el mundo, pues que la opinión pública fuese la última en enterarse. Muy tranquilizador, ¿no?

Pasó un mes y no descubrieron nada (ni ellos ni el resto de la OTAN), por lo cual y para evitar que la noticia se filtrase por otros canales, decidieron darla a conocer a través de periodistas "amigos" del Pentágono.
No es que hubieran cambiado de opinión sobre el "secretismo", sino que en ambientes científicos se empezaba a sospechar.


Sucede que el radiotelescopio de Arecibo comenzó a captar inusual actividad en la ionósfera (resultado de la explosión nuclear). Y los equipos científicos que usan hidrófonos (por ejemplo, para detectar tsunamis) también tomaron cuenta de que algo raro había pasado.

¿Y a qué conclusión llegaron los mejores analistas de inteligencia militar? Pues a ninguna.
¿Y los científicos involucrados? Tampoco.

Se manejaron todas las hipótesis posibles, empezando por fallas en el equipo satelital (descartadas cuando otras evidencias comenzaron a llegar).
Si no había sido un error de detección, pues se pasó a la hipótesis natural: uno o más fenómenos naturales que produjeran ese efecto (pero también fue descartado ésto: no se conoce ningún evento natural o combinación de eventos que provoque esas consecuencias).

Al final, después de descartar los accidentes de submarinos o buques militares no identificados, no quedó mucho en la bolsa: lo único posible era un test nuclear cuyos patrocinadores eran desconocidos.
Para que se entienda claramente: los jefazos del Pentágono tuvieron que sentarse ante el presidente yanqui de la época (Carter) y decirle algo así como:


"Che, Jimmy, ¿te comenté que hay gente por ahí probando bombas nucleares y no sabemos quiénes son?"

En fin. Con el paso de los años, la explicación más aceptada es la de una prueba conjunta entre Sudáfrica e Israel. Naturalmente, los que formulan esta hipótesis afirman haber recibido información ultrasecreta, pero en realidad se basan en los dos únicos datos locos que tienen:
  • que las islas cercanas al sitio de la explosión son sudafricanas, y
  • que por esa época Israel estaba haciendo pruebas nucleares secretas
Oficialmente, hasta el día de hoy no se sabe nada en concreto. Es un misterio quién anduvo jugando con explosiones nucleares ese día.

martes, 12 de julio de 2011

NO SE SALVA NI EL OSO YOGUI



La imagen anterior es la prueba tangible de que la belleza puede resultar peligrosa.
Resulta ser que el volcán situado en las proximidades del Parque Nacional de Yellowstone (Wyoming, USA) ha venido presentando repetitivas señales de actividad in crescendo.

Los registros de su actividad comenzaron a recogerse en 1923 y, según los geofísicos que están en el tema, desde el año 2004 en adelante marcan una notoria tendencia creciente.

Por supuesto, los periodistas formularon la pregunta de rigor: "¿Qué pasaría si entra en erupción?"
Y por suerte los científicos son tipos mesurados y prudentes, porque tranquilizaron a todo el mundo con su respuesta:

"Podrían quedar inhabitables las dos terceras partes del país".

Cuando los periodistas enmudecieron, los geofísicos explicaron que el volcán (súper-volcán para mayor claridad)  hizo erupción por última vez hace 642 mil años, con una columna de cenizas de unos treinta mil metros de altura, que terminó por cubrir de polvo una zona que llegó hasta el Golfo de México.

"Pero por ahora no hay motivos de preocupación", agregaron los tipos con cara de póker.

De todas formas, si yo estuviera en el lugar del Oso Yogui, ya mismo me estaba yendo en moto del lugar (el Parque de Jellystone, ficticio sitio donde vive el simpático oso, es inspiración directa de Yellowstone).


martes, 14 de junio de 2011

ESTO YA NO ES SERIO



A ver si nos entendemos: los asuntos bíblicos no son para improvisados.

Por ejemplo, imagine usted que Moisés y su gente llegaban a orillas del Mar Rojo, perseguidos por el ejército del Faraón. Entonces, cuando los egipcios ya les pisaban los talones y los hebreos necesitaban un milagro......nada.

No se separaban las aguas, no permitían el paso, ni siquiera un amague de abrirse un poquito.
¿Qué iban a hacer los tipos? ¿Esperar el Buquebús? No, no es serio.


Otro caso: la caída de las murallas de Jericó. Como ustedes saben, Josué debía conquistar la ciudad de Jericó, pero se trataba de una ciudad fortificada.
Entonces, Dios habló con él y le explicó lo que debía hacer. Como resultado, ahí se pusieron los hebreos a dar vueltas alrededor de la ciudad durante seis días, haciendo sonar las trompetas.

Ahora bien, supongan que llegamos al final del sexto día y en vez de caerse las murallas....nada.

Ni una rajadura, ni un ladrillo partido, nada. Y encima, los cananeos que les gritaban: "Toquen una de Chicago, muchachos !!"  No, no es serio.



Por eso, porque no podemos admitir gente improvisada en estas cosas, es que todo el asunto de Harold Camping y sus anuncios del fin del mundo ha pasado de castaño a oscuro.

Harold se mandó la primera en 1994, anunciando un fin del mundo que no se produjo. Salió entonces a decir que se había equivocado en los cálculos, pero que ahora estaba seguro de la fecha: 21 de mayo de 2011.
Marketinero viejo, el hombre se lanzó a convencer gente mediante anuncios publicitarios (cosa que se vio por todo el mundo). Por supuesto, no pasó nada.

Pero el tipo no escarmienta. En vez de quedarse callado (y oculto, porque muchos de los que le creyeron deben querer fajarlo), no se le ocurrió mejor cosa que salir a dar otra fecha: ahora dice que el 21 de octubre próximo se termina el mundo.



Yo no sé en qué boliche para Harold. Pero por favor, no le sirvan más bebida, que el tipo se inventa un fin del mundo a cada rato.

Cosas de yanquis tenian que ser. ¡Como si en este país no hubiera suficientes profetas truchos!
Es más: propongo que les mandemos ya mismo una docena, para que aprendan lo que es bueno.

lunes, 30 de mayo de 2011

TODO LO QUE USTED QUERÍA SABER SOBRE EL FIN DEL MUNDO, PERO TEMÍA PREGUNTAR


El 21 de mayo, anunciado como fin del mundo, pasó sin pena ni gloria aunque con mucha publicidad. Dinero perdido que, por supuesto, pudo ser utilizado para causas más nobles que intentar atemorizar a la gente.

Prometí contarles algunos antecedentes sobre esta rara costumbre de profetizar una y otra vez el Juicio Final, una catástrofe planetaria, el fin de la humanidad y otras cosas así de agradables.
En realidad, podría escribirse un libro entero (bastante gordito) al respecto, pero este post puede servirles de introducción razonable.

Principio quieren las cosas, así que remontémonos a los inicios del cristianismo. Mateo reseña las cosas que han de suceder en el fin de los tiempos y para situarlo nos dice:

"En verdad les digo. No pasará esta generación sin que sucedan estas cosas." (Mateo 24:34)


Por lo tanto, parecía inferirse que el fin era poco menos que inminente. Sin embargo, no fue así.
Habrá que esperar unos años para la siguiente profecía apocalíptica, dada por Hipólito de Roma:


Hipólito (posteriormente santificado) era presbítero de Roma hacia el año 212. No se conoce con certeza su lugar de nacimiento, pero se supone que pudiera ser Alejandría. Hombre de vasta cultura y erudición, sus lecturas y estudios le convencieron de que el fin del mundo sería en el año 500.
Claro que tampoco aconteció.

Hay que avanzar hasta la siguiente fecha redonda para encontrar otra oleada apocalíptica: ya cercanos al año 1000, comienza nuevamente el fenómeno de las predicciones del fin del mundo:



Nuevamente, los orígenes de estas profecías han de buscarse en el cristianismo. Grupos menores dentro de las diferentes congregaciones empiezan a hacerse oir en los estratos más bajos de la población.
Se producen fenómenos de histeria colectiva a medida que la fecha fatídica se acerca. Y cuando la jornada final pasa sin novedades, aún los "profetas" encuentran una salida para explicar su error: a los mil años deben sumarse los años vividos por Jesús.

Con ello, vuelve a fijarse una fecha para el Juicio Final, esta vez esperado para el año 1033. Pero tampoco pasa nada.

La movida siguiente parte de una autoridad de la Iglesia: el Papa Inocencio III:



Inocencio III  provenía de una familia de nobles italianos (Conti), de donde saldrían otros Papas.
Su papado (1198-1216) no fue muy distinto de los de la época: intervino en política, fogoneó el combate contra los musulmanes y, precisamente en estos últimos menesteres, es donde surgió la predicción que realizó.

Según él, el fin del mundo acontecería 666 años después de la fundación del Islam, que en sus números representaba el año 1284.

Imaginen lo que esta profecía supuso para esa época. Si hoy en día un Papa anunciase el Juicio Final, generaría un caos mundial. Y en aquellos años, cuando la autoridad del papado era aún mucho mayor, prácticamente se desató la locura.
Hasta el día de hoy se discute si tal profecía existió realmente o fue una leyenda, pero los efectos fueron bastante nocivos en su momento.

El siguiente anuncio del fin del mundo también estuvo vinculado al cristianismo, pero fue diferente de los anteriores. Más objetivo, se basó en un hecho que sugirió realmente la posibilidad. Me refiero a la peste negra, desatada en pleno siglo XIV y que tuvo su punto álgido hacia el año 1348:


Estamos hablando de una epidemia de peste bubónica en una época donde no se conoce demasiado acerca de Medicina. Fue tan virulenta que arrasó con un tercio de la población de Europa. Nadie sabía qué la causaba, pero acabó con familias enteras y destruyó los engranajes de la sociedad mientras duró.

Con cierta lógica, la gente adjudicó los sucesos a la proximidad del fin del mundo. Que tampoco aconteció.

La siguiente estación en este tren apocalíptico nos lleva hasta el año 1669. Una secta de cristianos rusos anuncia como inminente la llegada del Anticristo. Y comienzan a inmolarse por medio del fuego para escapar del control del Maligno.
Se calcula que entre 1669 y 1690 fueron veinte mil los suicidas que temían la llegada de la Bestia tanto como para quitarse la vida.


Estén atentos a lo que sigue, porque guarda ciertas similitudes con la "profecía" del 21 de mayo pasado.

Estamos en el año 1843 y es entonces cuando un señor llamado William Miller funda una secta y anuncia que el fin del mundo se producirá el 21 de marzo (la tenían con el "21") de ese año.
Como ustedes suponen, la secta consigue tener buena cantidad de seguidores. Miller da sermones y conferencias a todo trapo, a medida que "el fin" se acerca.


Por supuesto, la fecha llegó y no pasó nada. ¿Qué hizo Miller entonces? Pues la corrió un poco para adelante: empezó a anunciar que el fin del mundo sería el 22 de octubre de 1844.
La gente volvió a creerle, esperó pacientemente y...nada.





Seguimos adelante y nos encontramos con una verdadera avidez de profecías fatales. Porque la próxima fecha se basa en supuestas predicciones que datan del siglo XVI, hechas por Mother Shipton:



La Madre Shipton nació en 1488 y murió en 1561. Verdaderamente, de sus dichos surge un don profético bastante desarrollado. Predijo con exactitud varios acontecimientos de su época, lo cual está ampliamente documentado. Pero el problema comenzó cuando, después de su muerte, se comenzaron a publicar sus predicciones: hay unas cincuenta ediciones diferentes, que incluyen u omiten (según el caso) varias cosas.

Una de las cuales era, supuestamente, la llegada del fin del mundo para el año 1881. No existen datos que avalen que la Madre Shipton expresara esas palabras en vida. Por lo tanto, parece ser un "agregado" posterior.  Y tampoco aconteció nada.  

El siglo XX supo ver varios empeños del ser humano por destruirlo todo (con profecías o sin ellas). Aún así, entre genocidios y guerras mundiales, entre movidas del poder y amenazas de holocaustos nucleares, el mundo siguió andando (medio rengo, pero siguió andando).

La Ciencia asomó como un intento de superar el oscurantismo de la religión, pero terminó por suplantar unos altares por otros, cambiando unas vacas sagradas por otras.
Inevitablemente, se vino un auge de las sectas, una de las cuales era "Los niños de Dios" (Children of God) de David Berg:



No vamos a detenernos ahora en las denuncias que pesan sobre esta secta, pues lo que nos interesa hoy es su faceta apocalíptica. Su líder anunció el fin del mundo para 1973, cuando -según él- el cometa Kohoutek impactaría contra la Tierra.

Este entramado es bastante ilustrativo de cómo se puede tergiversar un hecho científico (el descubrimiento de un cometa), aprovechar la cobertura mediática (se anunció que el cometa Kohoutek se apreciaría en forma "espectacular" en el cielo nocturno) y convertir el asunto en algo funcional para los intereses sectarios (el anuncio de un apocalipsis).

Como ustedes saben, nada pasó. Y si son de mi generación, recordarán la decepción porque el supuesto "gran espectáculo visual" no lo fue en absoluto.

Quien sigue en esta lista catastrófica es Jeane Dixon:


La señora Dixon fue una vidente de fama en Estados Unidos. Realizó varias profecías que se cumplieron y otras que fallaron por completo. Su prestigio se cimentó a fines de los años '50 y principios de los '60, con varios aciertos acerca de personalidades importantes.

Con los años, la prensa se centró en las predicciones acertadas y casi omitió hablar de las fallidas (que fueron, por cierto, muchas más). Como sea, lo cierto es que Jeane Dixon llegó a ser "asesora" extraoficial de Nancy Reagan (lo cual no deja de llamar la atención sobre la credibilidad de la "gente influyente" en el mundo).

El asunto es que la señora Dixon también realizó una predicción sobre el fin del mundo, fijándolo para mediados de los '80 cuando, supuestamente, un cometa impactaría contra la Tierra (¡y dale con los cometas, qué manía!).
Otra que falló.

Arribamos así al año 1988. ¿Qué tiene de particular? Pues nada menos que un anuncio de un ingeniero de la NASA, diciendo que se terminaba el mundo:



Edgar Whisenant había sido ingeniero en la prestigiosa agencia aeroespacial de USA. Y de mayor se puso a investigar la Biblia (cosas de jubilado, digo yo).
Hombre de números, sus cálculos le dieron por resultado que 1988 era el año en que se produciría el gran rapto, que es como se llama en ciertos círculos a la ascensión de los fieles de Dios (previa al apocalipsis final).
Como se sabe, el ingeniero falló.

La lista sigue con un viejo conocido: nada menos que Harold Camping. Sí, señores, el mismo que anunció para el 21 de mayo pasado el fin del mundo, ya lo había anunciado para 1994:



Cuando la fecha pasó sin novedades, adujo que cometió "errores de cálculo".

Pero si de alguien no se esperaban errores, era de Nostradamus:



Una de las pocas, poquísimas fechas concretas existentes en las Cuartetas indica lo siguiente:

"El año mil novecientos noventa y nueve, siete meses.
Del cielo vendrá un gran Rey del Terror."

Podrá ser un anuncio vago, pero no deja lugar a dudas acerca de que se trata de algo malo.
Por eso, mucha gente interpretó que se venía el fin del mundo. Pero se equivocaron también.

Y como hay sólo un paso, de 1999 nos vamos al año 2000, número redondo que los apocalípticos no podían dejar pasar.
Más allá de las fallas de computadoras pronosticadas, también hubo anuncios del fin del mundo. Y digo "anuncios", así en plural, porque hubo más de cuarenta "profecías" que anunciaron el fin del mundo para ese año. Donde tampoco pasó nada de nada.

De ahí nos vamos al 2004, cuando un grupo de investigadores y autores esotéricos anunció que se terminaba todo, basados en cálculos efectuados sobre las dimensiones de la gran pirámide:



Y de ahí llegamos al presente, con el anuncio fresquito del 21 de mayo.
¿Qué pasó? Pues nada, salvo que algún tonto se quedó en la miseria  y, al mismo tiempo, los que facturan publicidad lo pasaron en grande.

¿Y el fin del mundo?, dirá usted.

No sea impaciente y siéntese a esperar el 2012, que es lo que tenemos a mano (mayas mediante).

jueves, 19 de mayo de 2011

Y QUE NOS AGARRE CONFESADOS


Como quien dice, ya estamos casi sobre la fecha tan publicitada: 21 de mayo, que se supone termina el mundo.
Ya saben ustedes que la validez que le asigno a las predicciones de estos agoreros es nula.
A lo largo de la Historia, los seres humanos hemos exhibido una gran tendencia a anunciar el fin del mundo y, sobre todo, a intentar provocarlo por todos los medios. Pero ni siquiera somos tan listos.

Sin entrar en demasiados detalles, les cuento que ha habido más de una docena de ocasiones en las cuales se ha postulado que el fin del mundo era inminente. Y aquí estamos. Por eso es que estoy armando un post sobre ese afán apocalíptico, que compartiré seguramente con ustedes después del día 22.

Puede que alguno de ustedes se pregunte: ¿Qué pasa si justo embocamos tan mal que, esta vez, los agoreros aciertan? 
En ese caso, permítanme mandarles un abrazo a todos los amables visitantes de este blog y decirles que ha sido un placer el haberlos conocido.

Y que el fin del mundo nos encuentre rockeando de lo lindo, con la música a todo lo que da:










(Post gemelo con El Area 51)

domingo, 15 de mayo de 2011

EL JUBILADO APOCALÍPTICO



Ustedes, al igual que yo, habrán leído alguna vez noticias sobre jubilados estafados que pierden todos sus ahorros. Pero, ¿qué pasa cuando la estafa se la hace el jubilado a sí mismo?

Gracias a la amabilidad de Ernesto nos llega esta noticia.

El señor Robert Fitzpatrick es un ciudadano de Nueva York que, tras trabajar muchos años en el servicio de transporte público de su ciudad, se encuentra jubilado. Y ha echado mano de los ahorros de toda su vida, de su pensión y más aún, sólo para dar publicidad adecuada al fin del mundo, que según él se producirá....¿adivinen cuándo? El próximo 21 de mayo.

Ahí lo tienen al hombre, en la imagen que da inicio al post. Y le acompaña uno de los carteles que ha pagado de su bolsillo.
¿Cuánto le costó el asunto? En total, 140 mil dólares, que representan todo lo que tiene.

Por supuesto, el buen Robert comenzó a "convencerse" de que el fin del mundo se producirá el 21 de mayo de 2011 cuando conoció la profecía de nuestro viejo conocido Harold Camping.
Y hablando de Harold, personalmente no quisiera estar en su pellejo cuando llegue el 22 de mayo y haya más personas como este jubilado que, creyendo en sus enseñanzas, hayan perdido todo lo que tienen.

Mientras se viene el 21, vamos a escuchar al Cuarteto de Nos en un tema que viene bien para el caso: "Apocalipsis Now".