sábado, 4 de abril de 2009

PUEBLO BLANCO


En noviembre de 1930, un hombre llamado Joe Labelle iba a ser el primer testigo de un misterio que permanece sin explicación hasta nuestros días.

Labelle era un cazador y trampero canadiense que se ganaba la vida en zonas agrestes de Manitoba (Canadá). Debido a su oficio, mantenía muy buenas relaciones con los esquimales y era conocedor de sus poblados y costumbres.

En uno de sus viajes de cacería, decidió pasar por una pequeña aldea esquimal que se ubicaba muchas millas lejos de Churchill, la población urbana más cercana.
Había estado allí innumerables veces y no tenía motivo para sentir temor alguno. Pero lo que encontró le heló la sangre.




El primer indicio de que algo andaba mal, lo tuvo cuando nadie salió a recibirlo. Y luego las cosas empeoraron: encontró muertos a los perros de los esquimales. Estaban atados, a la espera de salir con los trineos y, a todas luces, habían muerto de hambre.

Labelle se adentró en todas las tiendas que formaban la pequeña aldea, pero no encontró a nadie en ellas, ni vivo ni muerto.

Ya era improbable que toda la aldea (hombres, mujeres y niños) saliera a cazar, pero lo que transformó en imposible la idea, es que Labelle encontró las armas y los trineos en su sitio.
Ollas de comida pendían sobre fuegos que se habían apagado tiempo atrás. Un trabajo de costura fue encontrado a medio hacer, con la aguja clavada como si el tiempo se hubiera detenido pero la costurera hubiera desaparecido.


Una hora después de arribar, Labelle había recorrido toda la aldea y las cercanías. Ni una sola huella había quedado en el lugar. El hombre se retiró y dio cuenta a la Policía Montada, que condujo su propia investigación.

En el transcurso de la tarea policial, surgieron hechos que convirtieron el misterio en algo escalofriante. Los investigadores encontraron las tumbas de los antepasados de los esquimales, no muy distantes de la aldea. El problema es que estaban excavadas y faltaban los cuerpos.

Debieron descartar la hipótesis de animales depredadores: las piedras que cubrían las tumbas habían sido retiradas y cuidadosamente apiladas en dos montones. Tarea que ningún animal haría.


La conclusión de la Policía Montada fue: evento inexplicable.

Determinaron que las desapariciones databan de poco más de un mes, usando como elementos los restos de las fogatas apagadas y algunos otros datos.

Ninguno de los pobladores fue vuelto a ver jamás.

8 comentarios:

Mariolo dijo...

Se los llevaron a los vivos y a los muertos?, revivieron a los muertos en un más allá, un muy muy lejano?

francisca dijo...

GUAU!Esto si que es un misterio!Y que teorias hay?Dale conta!

Héctor Gutiérrez dijo...

Se pone a pensar uno en tantas y tantas cosas que pueden pasar en esos lugares tan alejados, que tal vez nunca se llegue a saber que pasó en realidad.

Saludos y abrazos.

pelado1961 dijo...

Mariolo:

No quedó ser humano alguno, ni vivo ni muerto. Que yo sepa, es la primer y única vez que algo así ha sucedido (que se tenga noticia)

Un abrazo!!


Fran:

Hay varias teorías, pero todas pasan por ser demasiado "fantasiosas": desde los alienígenas hasta seres de leyenda.
Prometo que ya contaré algunas cosas al respecto.

Besos!!!


Héctor:

Francamente, no creo que se llegue a saber nunca la verdad sobre esto.
Y si se sabe, la ocultarán prolijamente.

Va un abrazo.

Fonzi dijo...

AMAZING !
No hay otra palabra que describa la historia !

Salú

pelado1961 dijo...

No hay otra palabra mejor.
(Y en esa época no había CSI ni "Whithout a trace" que valga)

Saludos

Mary Lovecraft dijo...

Extrañísimo y oootro caso cerrado antes de tiempo (de resolver, vamos) para la saca.

pone la piel de gallina desde luego, como dice Héctor, la de casos semejantes que desconocemos...

un besotote mi Pelaítooo!!

muuak!

pelado1961 dijo...

Mary:

Sea lo que sea que pasó allí, no me gustaría haber estado en ese sitio.
Escalofriante.

Besote!!!