viernes, 16 de septiembre de 2011

EL ANESTESISTA INTRUSO


Allá por los años '30 del siglo pasado, algunas localidades de USA se vieron conmocionadas por los ataques de un individuo al que la prensa dio en llamar "el anestesista intruso" o también "el gaseador loco".

Todo comenzó el 22 de diciembre de 1933, en la localidad de Haymakertown (Virginia), cuando eran las diez de la noche y la familia Huffman se preparaba para ir a dormir. Las nueve personas de la casa notaron la presencia inesperada de un intenso olor en la vivienda, tras de lo cual se sintieron físicamente enfermos, con náuseas e intenso dolor de cabeza.

Al producirse dos episodios similares a lo largo de esa noche sin poder encontrar la causa, el señor Huffman decidió llamar a la Policía, quien se hizo presente con un médico. Todos los integrantes de la familia presentaban los mismos síntomas y un examen determinó que además padecían intensa irritación en el paladar y la garganta.

La presencia del galeno fue una suerte para el dueño de casa, pues en ese momento se le cerró la garganta y debió ser auxiliado para que continuara respirando, para luego ser internado.
De todas formas, la Policía no halló pistas que explicaran el episodio.

Y el suceso se repitió a los dos días:


En la localidad de Cloverdale, una familia regresaba de la iglesia cuando notó la presencia de un persistente olor no identificable en la vivienda, al tiempo que rápidamente comenzaron a sentirse débiles, nauseosos y con jaqueca.

Esta vez la Policía revisó la casa a conciencia. Y encontraron un pequeño agujero junto a una ventana, que no estaba allí antes, apto para colocar una manguera o tubo que permitiera insuflar gas dentro de la vivienda.

El siguiente incidente se produciría en Troutville el 27 de diciembre, seguido por dos más en un mismo día (10 de enero), localizados en Haymakertown y Troutville nuevamente.



Y esto no es nada, porque vendrían nueve ataques más, sin que la Policía diera con pista alguna.
Pero para febrero de 1934 los ataques cesaron por completo.
Habrían de pasar diez años y....el anestesista intruso volvió.

Era el 31 de agosto de 1944 cuando el señor Raef, que vivía en Mattoon (Illinois), despertó en la mañana a causa de un ruido extraño dentro de su casa. Dispuesto a levantarse para revisar, no pudo ir más allá de la puerta: así de débil se sentía, al tiempo que las náuseas lo tumbaron al suelo.

Su esposa sí logró levantarse y bajó hasta la cocina para chequearla, pensando que estaban sufriendo una intoxicación por una falla en las cañerías de gas. Pero todo estaba bien, salvo su cabeza que parecía estallarle y sus piernas que casi no le respondían.

Esa noche se produciria otro episodio similar en la misma localidad, por lo cual hubo de concluirse que nuestro gaseador loco volvía tras una década de quietud.


Al día siguiente se produciría un nuevo caso, esta vez con ribetes interesantes.

Una señora se hallaba tejiendo en su casa, cuando notó un intenso olor que atribuyó a flores que tenía sobre otra mesa, pero luego el aroma fue tan profundo y desagradable que no supo a qué adjudicarlo.
Quiso levantarse para observar el florero, y allí notó que las piernas no le respondían.

Gritó asustada y su hermana acudió en su auxilio, observando que el olor provenía de una ventana posterior que estaba rota. Sabiendo por la prensa de los ataques del anestesista intruso, llamaron a la Policía, quienes sorpresivamente desestimaron la denuncia.

Indignadas, esperaron que el marido de una de ellas volviese del trabajo y acudieron todos a la estación policial para presentar una queja. Al regresar, sorprendieron a un intruso atisbando hacia dentro de la casa, a través de una de las ventanas laterales. Lamentablemente, no pudo ser capturado.

Y los ataques seguirían:


En total, se producirían unos 18 ataques más del anestesista intruso. Algunos de ellos resultaron tan graves como para que las víctimas necesitasen internación y tratamiento. Pero afortunadamente, no hubo casos fatales.

¿Cómo terminó esto? Con la Policía sin poder resolverlo, los ciudadanos formando "patrullas civiles" no formales y un FBI desganado que apenas intervino (aunque es justo decir que el país estaba en medio de una guerra mundial y tendrían otras cosas de que ocuparse).

Al final, el gaseador desapareció por su cuenta. Para mediados de septiembre de 1944 cesaron los ataques.
Muchos analistas "explicaron" el asunto como un producto de histeria de masas (viejo cuento que ha servido para soslayar un montón de temas turbios).

Pero creo que el anestesista intruso opina otra cosa...

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Tal vez se intoxico con su propio gas y murio y por eso dejo de atacar.Increible que un solo tipo pueda eludir a tanta gente que lo estaba buscando.
Un abrazo.
Azra

Ernesto Moreno dijo...

Yo creo que aparte de loco, este tipo era un patriota jajaja tal vez le tocó enrolarse e ir a la guerra!!!

Anónimo dijo...

Es el candidato ideal a mejor amigo de hitler por ejemplo, eso si, je, o de cualquier carnicero de esos que abundan en las guerras.
Azra

pelado1961 dijo...

No me sorprende que haya locos recontralocazos, eso no sería raro.
Pero lo extraño es el tiempo que transcurrió entre unos ataques y otros.
Esto parece un capítulo de los Expedientes X, jajajjajaja

Va un abrazo, gente.

Mariolo dijo...

Como decís, es extraño que volviera tras 10 años. Posiblemente no era el mismo, sino un imitador.

pelado1961 dijo...

Tal cual, Mariolo. Pudiera ser un copycat, un chifladito imitador del chiflado original.

Manuel Guillén dijo...

Interesante, Seguramente un caso de un asesino metódico que cesa de atacar por cuenta propia.

pelado1961 dijo...

Bienvenido al blog, Manuel.

Es muy interesante el hecho de que el "anestesista" se haya detenido, así como el hecho de que los ataques tuvieran dos etapas separadas por muchos años de distancia.
Un buen misterio, en todo caso.

Saludos y gracias por comentar.