miércoles, 14 de septiembre de 2011

APUESTA PERDIDA


Puede que ustedes piensen que el footing es una actividad moderna, pero en realidad sólo es moderna en el nombre que recibe. Siempre ha habido cultivadores de la vida sana, del ejercicio y de las caminatas y carreras al aire libre.

Una de estas personas se llamaba James Burne Worson, nativo de Leamington (Inglaterra) y zapatero de profesión, quien allá por el siglo XIX gustaba de recorrer largas distancias como ejercicio.
Pero eso no era lo único que complacía al buen James, quien también gustaba de beber un poquitín y hacer apuestas.

De todas formas, eso no lo perjudicaba demasiado, porque lo uno y lo otro solía hacerlo en compañía de sus dos compinches, Hammerson Burns y Barham Wise, con quienes se conocía de toda la vida.
Pero un mal día, todo cambió y sus aficiones le trajeron un final inesperado.


Era el 3 de septiembre de 1873 cuando los tres amigos se reunieron en plan de tomar algunas cervezas, como solían hacer. Jarra va, jarra viene, pronto empezó el buen James a fanfarronear sobre sus costumbres atléticas y, claro está, recibía en consecuencia las bromas de sus amigos.

Al final, lo otros dos lo desafiaron con una apuesta: ¿sería capaz el zapatero atleta de recorrer la distancia entre Leamington y Coventry sin rendirse? Hablamos de unas veinte millas (unos 32 kilómetros), pero nuestro amigo James no se echó para atrás y aceptó.

Minutos después, ya estaba el zapatero en camino a Coventry, seguido por sus dos amigos que habían alquilado un carruaje con cochero.


En principio, el recorrido se dio tal como era de esperar. El atleta avanzaba con paso firme y decidido, al tiempo que sus amigos vociferaban tras él. Pero tras un par de millas, sucedió algo totalmente inconcebible: se oyó un extraño sonido y, tras ello, James Worson soltó un terrible grito y cayó en el camino.

Pero la expresión "cayó en el camino" es, en realidad inexacta. Porque James desapareció de la vista de sus amigos antes de tocar el suelo. Los tres (incluido el cochero) quedaron perplejos, no sabían qué hacer.
Bajaron del carruaje y atinaron a pararse en el lugar donde debía estar James, pero allí no había nada.

Al volver a Leamington y contar aterrados su historia, fueron detenidos de inmediato, sospechados de asesinar a James. Se formaron partidas de búsqueda y no quedó sitio por revisar, pero el hombre jamás apareció.
Finalmente, puesto que nada pudo achacárseles, los dos amigos de James y el cochero fueron liberados. Los amigos habrían de financiar nuevas búsquedas en pos de su compinche, pero éstas tampoco arrojaron resultado alguno.

Fue, para todos, una apuesta perdida.

(La historia logró subsistir en el tiempo gracias al escritor Ambrose Bierce, quien la recogió en su momento y la hizo conocer).

8 comentarios:

Mariolo dijo...

ja, le ganó la apuesta, llegó más lejos aún. Lástima no vino a cobrar

omargato dijo...

amo tu blog =D
siempre me hacen el dia este tipo de historias n.n!

pelado1961 dijo...

Mariolo:

Es cierto, llegó más lejos de lo apostado...y de lo que él mismo hubiera querido !!!

Va un abrazo.

pelado1961 dijo...

Omargato:

Me alegro de que te guste la temática del blog. Aquí siempre vas a encontrar delirios de toda clase.
Gracias por comentar.

Saludos.

Ernesto Moreno dijo...

Voy a buscar esta historia de Bierce, es sin duda escabrosa, este tipo tuvo la ¿suerte? de que al menos alguien presenció su desaparición...

pelado1961 dijo...

Buena acotación, Ernesto.
Es imposible saber cuántos casos habrá como éste, pero en los cuales nadie vio nada anómalo.
(Y encima, en este caso, casi terminan presos los testigos...)

Va un abrazo.

El radioaficionado dijo...

Un día vas a postear una noticia que apareció en Coventry un tipo vestido con ropas del Siglo XIX...

pelado1961 dijo...

Tal cual, tal cual!!!
Y las primeras palabras del tipo van a ser: "Bueno, le gané a ese par de.......¿DONDE ESTOOOOOY?"