martes, 2 de noviembre de 2010

¿QUÉ HACÍA EL DOCTOR WHO EN HUELVA?


La aldea de Castañuelo está situada en Huelva (España) y tiene una población de 140 habitantes.
En 1972, uno de sus pobladores era Juan González Domínguez, persona más bien práctica que se había dedicado durante toda su vida a la ganadería de cabras.

Una mañana de diciembre del '72, González comenzó a recorrer con un rebaño de cabras y su perra el camino desde Aracena hasta Castañuelo, pasando por un paraje conocido como Los Barrancos, del cual vemos aquí una foto:


Cerca del mediodía, Juan esperaba completar pronto su recorrido sin ningún contratiempo. Sumido en sus pensamientos, caminaba por el mismo trayecto que había hecho cientos de veces, cuando sucedió algo totalmente inesperado.

Sintió un estruendo terrible, como el que causaría una explosión. Instintivamente, dirigió la vista al cielo, porque de allí provenía el sonido. Y vio algo inaudito:

"Un objeto con forma de nevera o cabina telefónica, que se posó sobre el asfalto de la carretera. Parecía ser metálico y reflejaba los rayos del sol. Apareció de la nada y se posó en el camino sin violencia, con suavidad"

Fuese por el estruendo, por el objeto en sí o por puro instinto, las cabras se habían asustado. Porque si bien iban por delante de Juan, ahora se habían dado vuelta y trataban desesperadamente de dirigirse hacia él.
Trataban, pero no podían.

Juan notó que no podía moverse. Y pudo ver a las cabras (unas veinticinco) y a la perra, que también habían quedado "congeladas" como estatuas en sus posturas de huída.
Por los nervios o por lo ridículo de la situación, sintió unas enormes ganas de reirse a carcajadas, pero no pudo hacerlo.

Allí estaban todos como en una foto o un cuadro: el objeto extraño con forma de cabina, Juan, las cabras y la perra. Todos inmóviles.
El hombre se notaba diferente. Por ejemplo, si bien llevaba a la espalda un enorme saco de bellotas, éste ya no le pesaba. No lo sentía.

Puso atención al objeto, que se hallaba a unos cincuenta metros.  Pensó que quizás algo o alguien saldría de él. Pero no fue así.
Al cabo de unos pocos minutos (tiempo que a Juan le pareció una eternidad), el objeto se elevó en dirección al cielo, dejando una pequeña estela de humo o vapor tras de sí. A los pocos segundos, el hombre y los animales recuperaron la movilidad.

Juan consideró tan ridícula la historia, que no se la contó más que a sus familiares. Por pura casualidad, uno de ellos era amigo de un investigador de OVNIs, por lo cual hubo un estudio formal del caso.
Esto llevó a cotejarlo con otros episodios acontecidos donde se repetía la forma extraña del objeto.

Por eso digo lo que digo. ¿Forma de cabina telefónica? Entonces, el Doctor Who andaba por Huelva.

Seré sincero: si un científico del futuro logra construir una máquina del tiempo, para nada me sorprendería que, en justo homenaje, le diera aspecto de De Lorean o de cabina telefónica.

4 comentarios:

Mariolo dijo...

Pah, estos cuentos te dejan como a los personajes, congelados.

Ah, y prefiero el De Lorean

Ferchu dijo...

Congelado con el protagonista usando las mismas palabras de Mariolo, que tal si eso se le apareciera a mi jefe y dejarlo asi no unos minutos sino unos años je...donde consigo un aparato de esos je

pelado1961 dijo...

Mariolo:

El De Lorean es mucho más piola que una simple cabina telefónica, estoy de acuerdo (es que los ingleses son medio aburridos).

Igual, creo que alguien en el futuro quiso homenajear al Dr.Who

Un abrazo.

pelado1961 dijo...

Ferchu:

Creo que la ciencia no ha llegado aún a semejantes avances (y los jefes no hay quien pueda congelarlos, jajajajja).

Tendremos que esperar.