domingo, 1 de abril de 2012

"PANCHO" SIERRA



La historia que les traigo hoy es la del que probablemente haya sido el último alquimista argentino.
Y quizás, lo que digo irá a sorprender a quienes conozcan la figura de "Pancho Sierra", porque el tiempo le ha transformado en centro de una devoción popular ligada al cristianismo (si bien nunca reconocida ni alentada por la Iglesia como institución).

Vayamos por partes.

Francisco Sierra nació en 1831 en Salto. No en la ciudad uruguaya de ese nombre, sino en la localidad argentina que así se llama y se sitúa en la Provincia de Buenos Aires.
Sus biógrafos apuntan que fue el menor de cinco o seis hermanos, que sus padres fueron Francisco Sierra y Raimunda Ulloa, que terminó la enseñanza primaria en Salto y que luego fue a Buenos Aires a continuar sus estudios, llegando a cuarto año de la carrera de Medicina.

Precisamente, mientras estudiaba Medicina es que se produce un profundo giro en la vida del buen "Pancho", algo que lo hace dejar de lado todas sus actividades y retirarse por completo de la vida pública, desapareciendo de los lugares que frecuentaba.

Según la leyenda popular, "Pancho" ha sufrido una decepción amorosa. Varía, eso sí, la causa de esa decepción, habiendo varias versiones a gusto de cada quien: que se había enamorado de una prima, que se había enamorado de una criada, que la familia prohíbe la relación, que su enamorada ha muerto, que su enamorada se ha casado con otro, etc., etc.



Lo cierto es que "Pancho" Sierra se ha recluido en una habitación de una estancia, sin más compañía que la de muchos libros. Apenas come. Se somete a una dieta estricta e incluso a períodos de ayuno.

Esta situación, que la imaginería popular ha visto como una reacción a "penas de amor", quizás tenga una explicación más interesante: la obsesión febril de un hombre que se ha lanzado a una búsqueda metafísica.

Y esta búsqueda parece haber tenido recompensa, pues un buen día sucede que "Pancho" abandona su autoimpuesta reclusión y pasa a una vida diferente, de ayuda desinteresada al prójimo.
De día,  recibe a quien quiera acudir a plantear sus problemas. De noche, se recluye en un pequeño altillo de la estancia.

¿De qué manera ayuda "Pancho" Sierra a quienes vienen a él?  De la forma que sea necesaria.
Algunos individuos sólo necesitan alguien que les escuche y les aporte un consejo juicioso, actuando "Pancho" como una mezcla de confesor y sicólogo anticipado.
Otros casos ameritan ya no sólo consejo, sino el aporte de medios materiales. Son muchos los consultantes que se van con dinero para pagar deudas, para levantar un rancho, para dar de comer a una familia numerosa, o para cubrir la necesidad que sea.

Esto es así porque "Pancho" Sierra no sólo no cobraba sus consultas, sino que daba dinero a manos llenas, un dinero que excedía en mucho a toda hipótesis de fortuna familiar. Misterio que no sería tal si nuestro personaje fuese un alquimista que hubiera alcanzado la finalidad de esa disciplina.



Aún más extraño, mucho más misterioso, es el resultado que solían tener las consultas vinculadas a problemas de salud. Ante estos casos, "Pancho" Sierra daba simplemente un agua para beber a sus pacientes.
Por lo menos, nada parecía diferenciar del agua fría común al líquido que bebían, en cuanto a aspecto, olor o sabor. Al punto que la leyenda popular dice que "Pancho" realizó unos "pases" sobre el aljibe y de allí provenía el agua que ofrecía como remedio (con el resultado de que también se lo apodó como "el médico del agua fría").

Pero si volvemos a concentrarnos en la hipótesis de "Pancho" como alquimista, surgen otras posibilidades: quizás nuestro "médico del agua fría" consiguió elaborar determinados elíxires a la usanza de Paracelso y otros predecesores.
Lo cierto es que el "agua" curaba casos imposibles, de los que no tenían esperanza médica.

"Pancho" Sierra murió en 1891, habiendo predicho con anticipación su propio fallecimiento y casándose un año antes con Leonor Fernández, para que ésta heredase la estancia y se ocupase de ciertas obras de caridad.

Lejos de apagarse la fama de "Pancho", los años le fueron dando forma de devoción popular.
En los muros exteriores del cementerio de Salto están presentes las dos estatuas que se ven en las imágenes anteriores, siempre con plaquetas que dan cuenta de nuevos favores concedidos.
El mausoleo donde reposan sus restos es además lugar de peregrinación:




La actividad de este sanador y consejero nunca fue censurada por las autoridades de su época. No sólo porque no cobraba sus servicios, sino también porque se contaban varias personas influyentes entre sus clientes.
Los testimonios que han quedado de su actuación, indican que podía determinar si el consultante era veraz o no, con tan sólo mirarlo. Más de una vez se trató de engañarlo, sin resultado alguno.

A ciencia cierta, nunca se sabrá el origen de sus facultades. Mi hipótesis, como ya dije, es que se trató de un alquimista. Pero hubo, en su época, intentos de vincularlo al espiritismo, incluido un homenaje que le realizó la Sociedad Espiritista al momento de cumplirse un año de su muerte.
Sin embargo, al parecer no hay bases sólidas para pensar que fuese espiritista.

En todo caso, tampoco es algo que importe a quienes lograron mejorar su situación económica, espiritual o de salud gracias a él. Lo que cuenta son los resultados.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Por favor! Nunca dejes de escribir!..

Te sigo siempre!

Es el mejor blog que hay!

Saludos!

pelado1961 dijo...

Gracias por la buena onda.
Me alegro mucho de que te guste el blog.

Saludos !!

Mariolo dijo...

Como vos decís, lo que importa es el resultado para sus consultantes.

Pero bien puede haber sido un alquimista y un santo, nada se contradice. Porque entre tantos santos y alquimistas que no lo son, quizás si hubo uno acá no más

pelado1961 dijo...

Mariolo:

Me llamó mucho la atención, porque es un caso muy raro, un personaje realmente especial.
Pienso que fue auténtico.