viernes, 9 de septiembre de 2011

EL SANTO PATRONO DE LOS PIRATAS AÉREOS



Supongo que los piratas aéreos no tienen un Santo Patrono, pero si lo tuvieran seguramente sería Dan Cooper. Veamos quién fue este señor.

Nuestra historia comienza el 24 de noviembre de 1971 en la ciudad de Portland (USA). Es víspera del Día de Acción de Gracias, por lo cual hay mucho movimiento de viajeros.
En el aeropuerto de Portland, varios pasajeros suben al vuelo 305 de la compañía Northwest Orient, en un cómodo Boeing 727 con destino a Seattle. Entre ellos, aborda un hombre identificado como Dan Cooper en los registros.

Aparenta ser un hombre de negocios o quizás un profesional. Traje, gabardina, lentes oscuros y un elegante alfiler de corbata. Lleva un maletín de cuero. Nadie de quien sospechar.

Nuestro hombre se sienta en la parte trasera del avión. Luego del despegue, parece interesarse en una bonita azafata.



En cierto momento, el hombre estira su brazo para darle una notita a la azafata. La chica piensa que se trata de un número de télefono y lo guarda en su bolsillo sin mirarlo.
Quizás en ese momento se sintió halagada, pero pronto cambia el tono de la situación.

Al ver que la azafata no ha leído su nota, nuestro hombre espera unos minutos y se dirige hacia ella.
Le habla al oído con voz suave, pero firme:

"Le sugiero que lea lo que hay en esa nota. Tengo una bomba."

La chica lee entonces la nota, donde básicamente se decía que el hombre portaba una bomba en su maletín y la haría estallar si no se cumplían sus demandas: 200 mil dólares y cuatro paracaídas, que debían ser entregados en el aeropuerto de destino.


La azafata salió disparada hacia la cabina de mando, dando cuenta de la situación. El piloto informó a la torre y éstos se pusieron en contacto con la Policía y el FBI.
El consejo inicial del FBI hacia el personal de vuelo fue doble: parecer cooperativo con el pirata y, a su vez, intentar corroborar si de veras llevaba una bomba encima.

Con esa idea en mente, la azafata volvió al asiento del hombre y le indicó que sus demandas habían sido transmitidas. Enseguida quedó algo en claro: fuese quien fuese en realidad el tal Dan Cooper, conocía los procedimientos del FBI, porque le dijo a la chica:

"Supongo que le pidieron que averiguara si realmente tengo una bomba, ¿no? Bueno, pues sáquese la duda"

Y procedió a entreabrir el maletín para que la chica viera el contenido: dos cilindros rojos de tamaño considerable, en medio de un cableado con una batería.

"¿Satisfecha?"

La azafata enmudeció. Pero había visto lo que necesitaba ver. Volvió a la cabina y comunicó lo que sabía a las autoridades. Allí fue donde el FBI se tomó en serio el asunto.


Reunieron el dinero, tal como Dan Cooper lo pedía: billetes de 20 dólares sin marcar y de numeración variada. Pero se tomaron el trabajo de microfilmar los diez mil billetes, para rastrearlos posteriormente.
También consiguieron los cuatro paracaídas, del tipo específico que se había solicitado (el pirata insistió en que no podían ser paracaídas militares).

Entretanto, Cooper seguía en el avión, que ahora daba vueltas sobre el aeropuerto de Seattle. Mientras esperaba que le aprontaran lo demandado, se tomó un bourbon cortado con refresco de limón (y pagó la copa, aunque nadie pensaba cobrársela).

Cuando el dinero y los paracaídas estuvieron listos para ser entregados, así se le comunicó al pirata.
Allí fue donde Cooper dio otra muestra de conocer los procedimientos sobradamente: indicó al piloto que aterrizara el avión y luego lo dirigiera a una zona apartada de la pista, para evitar los francotiradores del FBI.

Llegados allí, se hizo el intercambio: un empleado de la compañía aérea subió a bordo con el dinero y los paracaídas, ante lo cual Cooper permitió que bajaran los pasajeros (36 personas). La tripulación quedó a bordo, mientras los agentes del FBI se estrujaban la mente.

¿Qué haría ahora el pirata? ¿Tendría cómplices entre la tripulación? ¿Para qué quería cuatro paracaídas? (Saltar en paracaídas desde un avión de línea era algo que nunca se había hecho).

Las dudas se despejarían a la brevedad. Cooper ordenó que el avión fuera reabastecido, tras de lo cual despegaron con rumbo hasta Reno (Nevada). El pirata dio instrucciones específicas al piloto sobre velocidad, altitud y despresurización de la cabina.

A los veinte minutos de iniciado el vuelo, nuestro hombre se dirigió solo hacia el fondo del avión.
Los pilotos observaron entonces una luz indicadora de que la puerta trasera estaba siendo abierta.

Y nunca más se supo de Dan Cooper.


La fuerza aérea había remitido dos cazas F 106 para seguir al avión secuestrado, pero la mala visibilidad reinante impidió que sus pilotos vieran a Cooper saltar. La cacería humana dispuesta por el FBI no tuvo resultado alguno. Las teorías de posibles cómplices entre la tripulación no condujeron a nada.

El pirata fantasma había dejado, adrede, algo  detrás de sí: la corbata con el alfiler elegante. ¿Por qué? Nunca se supo.


Las huellas dactilares encontradas no estaban en ninguna base de datos. No se halló concordancia con las de ninguna persona.
Los números de los billetes fueron remitidos a toda dependencia policial del país, pero jamás se detectó transacción alguna efectuada con ellos.

El FBI interrogó a más de mil sospechosos, sin encontrar pista alguna. Cuatro meses después del episodio, creyeron tener al culpable cuando un tal Richard McCoy hizo una jugada similar a la de Dan Cooper en otro vuelo comercial, pero se determinó que era un imitador, un copycat (las huellas dactilares no concordaron).

Los años, lejos de aportar pistas, aumentaron la incertidumbre.
En 1978 se encontró en una zona agreste cercana, un cartel perteneciente a la puerta trasera del avión. En 1980 un niño de ocho años encontró parte de un paquete de los billetes originales, a orillas del río Columbia (5.880 dólares en total).

Esto último generó la teoría de que Cooper habría muerto en el salto y perdido el dinero, pero en realidad parece más bien una maniobra de cobertura (quizás el hombre, que parecía tener todo muy bien planeado, abandonó un paquete a propósito para que sus perseguidores pensaran eso).

Para el final, unos datos anecdóticos:
  • Los billetes encontrados por el niño fueron entregados a la Policía. En 1986 la justicia determinó que fueran repartidos entre el pequeño (que ya no era pequeño), el FBI, la aerolínea y la compañía aseguradora.
  • Pese a no ser una gran suma, el joven los conservó y tuvo su recompensa de grande: en el año 2008 puso 15 billetes a subasta y obtuvo 37.000 dólares por ellos.
  • Este caso de piratería aérea es el único que permanece no resuelto en USA.
  • Si tienen algún billete de 20 dólares por ahí y quieren chequear por si es uno de los que se llevó Dan Cooper, pueden entrar a esta página.

lunes, 5 de septiembre de 2011

UN BUQUE CON VIDA PROPIA


¿Qué dirían si les cuento que un buque navegó durante al menos 25 años sin tripulación?
Antes que digan que estoy loco, les aclaro que se trata de un caso real. Paso a explicarles:

El Baychimo era un vapor de 1.300 toneladas que tenía base en Vancouver. Excelente buque, estaba revestido de acero, precisamente para encarar sin contratiempos la navegación por las zonas árticas.

El 1o. de octubre de 1931 quedó atrapado en el hielo, a la altura de Wainwright (Alaska), llevando un valioso cargamento de pieles en su bodega. Si las masas de hielo continuaban ejerciendo presión, el Baychimo corría el riesgo de ser destruído, por lo cual el capitán decidió hacer campamento en tierra y esperar el deshielo.


Se puede decir que el buque comenzó a tener "vida propia" el día 2 de noviembre de 1931, cuando una repentina tempestad causó la elevación de la temperatura y liberó al Baychimo de los hielos.
Por lo menos, eso es lo que se presume: la ventisca duró tres días, durante los cuales la tripulación que acampaba en tierra tuvo cero visibilidad. Y al cabo de esas 72 horas descubrieron que el Baychimo ya no estaba donde lo habían dejado.

Lo siguiente que se supo fue una información proveniente de un cazador esquimal, que afirmó haber visto la embarcación casi cincuenta millas al sur de su posición inicial.
En vista de ello, la tripulación se hizo presente en el lugar y, con ayuda de una cuadrilla esquimal, lograron recuperar gran parte de la carga. Pero al volver de uno de los viajes de descarga, se encontraron con que el Baychimo había desaparecido.


Cinco meses más tarde, fue visto nuevamente, esta vez en las proximidades de la isla Herschel.
Para el verano de 1932 fue abordado por un grupo de gambusinos, que informaron que el buque estaba en perfecto estado. Sin embargo, a los pocos días ya no se encontraba en la posición informada.

¿Por qué no abordarlo y llevarlo a puerto? Eso es lo que deben haber pensado los esquimales que lo vieron pasar frente a Point Barrow en 1933. Treinta personas acudieron en botes pequeños y lograron alcanzar al Baychimo. Pero al parecer el buque ya no quería ser gobernado por una tripulación humana: apenas pusieron pie en cubierta, una tremenda ventisca se desató y se mantuvo por espacio de diez días, impidiendo toda maniobra de control del barco.

Finalmente, los esquimales se rindieron: tras perder tres hombres por congelación, desembarcaron en un témpano y abandonaron el Baychimo a su suerte. Casi de inmediato, la ventisca cesó.


En 1934 fue abordado por la tripulación de la goleta "Trader", que se limitó a constatar que el barco estaba en buenas condiciones y luego lo dejó tal como estaba. Cuando un avión trató de localizarlo en la posición informada por la goleta, el Baychimo ya había "huído" de la zona.

De allí en más, sería visto año tras año por balleneros, esquimales y buques mercantes. El último abordaje documentado fue realizado en el año 1939, cuando otro buque se le acercó y su tripulación logró poner pie en cubierta.
Como no podía ser de otra manera, se desató una tempestad que cortó sus intenciones de remolcarlo a puerto. Volvieron entonces a su barco y se retiraron.

El tiempo pasó y los informes de avistamientos del Baychimo se multiplicaron. El último de ellos data de marzo de 1956, cuando fue localizado navegando con rumbo norte en el mar de Beaufort, con dirección tan firme que, el vigía que lo vio, pensó que estaba tripulado (hasta que constató con binoculares que nadie estaba a bordo).

Para esa fecha, llevaba casi veinticinco años navegando sin tripulación y eludiendo firmemente todo intento de ser llevado a puerto.
De modo que si lo ven por ahí, mejor lo dejan pasar.

viernes, 2 de septiembre de 2011

LO MÁS CERCA QUE SE PUEDE ESTAR DE LA VERDAD


Por mucho que me gusten la ciencia ficción y el cine en general, "Encuentros cercanos del tercer tipo" no fue una película que me llenase mucho el ojo.

Creo que Richard Dreyfuss es quien lleva a buen puerto el film, logrando ponerse en la piel de un personaje que pasa, casi sin solución de continuidad, de anodino a obsesionado. Conseguir eso y hacerlo creíble, en medio de una película a la cual le sobra fácilmente media hora, no es moco de pavo.

Pero no hay que ser muy criticones. Al fin y al cabo, les estoy hablando de un film de 1977, momento en el cual lo que hizo Spielberg era precisamente lo que se esperaba de alguien que intentase tratar este tema "por el camino del medio", sin hacer una obra maestra pero sin caer en el cine bizarro.

Luego vendrían tiempos de lanzar diferentes versiones para esta película y, al final, el propio Spielberg terminaría por recomendar la original.

Pero hoy no vamos a hablar propiamente de la película, sino de una función muy especial de la misma: una proyección en la Casa Blanca, para un público poco numeroso:


Durante muchos años circuló, como leyenda urbana, la historia de una función privada de "Encuentros cercanos del tercer tipo", realizada en la Casa Blanca para Reagan, su esposa y un pequeño grupo de personas, varios años después del estreno del film (pero poco tiempo después de que saliera al mercado una versión titulada "Edición Especial").
Al término de la proyección, se supone que el propio Reagan comentó que

"la mayoría de lo que se vio aquí es cierto"

Esta historia jamás pudo ser confirmada o desmentida y, con el tiempo, fue olvidada casi por completo.
Pero resulta ser que un periodista la volvió a oir de boca de un técnico de efectos especiales y, por circunstancias fortuitas, poco después tuvo la oportunidad de reportear a Steven Spielberg.
Le preguntó entonces por esa "leyenda urbana" y recibió una respuesta sorprendente.

Según Spielberg, la "función privada" existió y él lo sabe por haber estado presente.
¿Quiénes asistieron? Pues Reagan, su esposa, una juez de la Suprema Corte y un grupo de astronautas (entre los cuales habría estado Neil Armstrong).
¿Y qué pasó al final? Que el propio Reagan le dio las gracias a Spielberg por estar allí, tras de lo cual señaló a los presentes y le dijo:

"los que están en esta sala saben que mucho de lo mostrado en la película es verdad"

Según Spielberg, no parecía que Reagan intentase hacer un chiste al expresar eso, porque lo dijo con total seriedad. Se produjeron, eso sí, algunas risas incómodas entre los asistentes.
El periodista quiso saber qué más habían hablado del tema con Reagan, pero Spielberg no dijo nada más.

Probablemente consideró que ya había abierto demasiado la boca, porque se limitó a comentar una pregunta de Reagan sobre la duración de los créditos finales del film y, además, dejó asentado que la película proyectada en la "función privada" no fue "Encuentros cercanos del tercer tipo", sino su estreno de entonces: "ET".

Como sea, la situación es bastante curiosa. Las fechas manejadas permiten que la película fuese cualquiera de las dos. Pero el enfoque de ambos filmes sobre el tema extraterrestre es un poco diferente entre sí.
Probablemente, todo se explique como una función para amigos de la película del momento, con presencia del director y todo (lujos que un presidente se puede dar). Pero en ese caso, el comentario lógico de Reagan hacia Spielberg hubiera sido algo como "¡Qué imaginación tiene usted!" o cosa parecida.


No creo que el director esperase, en cambio, el comentario que Reagan le formuló. Pero probablemente, por unos minutos, se sintió situado lo más cerca que se puede estar de la verdad sobre el tema de los extraterrestres.

miércoles, 31 de agosto de 2011

DOS MÚSICOS DIABÓLICOS


Les invito a imaginar un músico exitoso, pelilargo, adicto, de aspecto desaliñado, ludópata, con fama de mujeriego y -para colmo-  centro de una leyenda urbana que le señala como pactando con el Demonio.

No, no les estoy hablando de Marilyn Manson, Alice Cooper o la gente de Iron Maiden o Black Sabbath. Se trata de Niccolo Paganini, un músico y compositor italiano que se hizo famoso como intérprete de violín.

Nacido en 1782 en Génova, cuenta la leyenda que, cuando Niccolo tenía cinco años, su madre tuvo un sueño en el cual se le apareció el Diablo para asegurarle que el pequeño sería un músico afamado.
Y parece que la madre se tomó muy en serio el asunto, pues tras una conversación con su esposo el resultado fue que pusieron a Niccolo a practicar el violín diez horas por día.

El niño fue creciendo y perfeccionando su arte, al punto que ya a sus dieciséis años era famoso. Y al igual que sucede hoy en día con precoces estrellas del rock y del pop, Niccolo bebía profusamente y no controlaba su adicción.

Pudo entonces desaparecer del gusto popular y ser tan fugaz como lo son muchos artistas actuales, pero tuvo su primer golpe de suerte: encontró un mecenas, una dama de alta sociedad que le llevó a vivir con ella y lo recuperó de su adicción, al tiempo que le facilitó las cosas para que aprendiera otros instrumentos y mejorase aún más su técnica en el violín.


La cuestión es que Niccolo se puso en carrera nuevamente, más fuerte y más hábil que nunca. El resultado fue que, si antes había tenido fama, ahora tenía celebridad absoluta. Pronto volverían los excesos, claro está. Y con ellos, la leyenda negra de un pacto con el Demonio.

Paganini no se molestó en desmentir esos rumores. Por el contrario, parece ser que ayudaba a cimentarlos. ¿Cómo? Componiendo e interpretando piezas de intrincada dificultad, tocando por diversión con una sola cuerda en el violín, haciendo sonar su instrumento como si de varios violines se tratase...en fin...era un verdadero "rockstar" pero del siglo XIX.

Si hubieran existido las revistas de chimentos en esa época, el tipo era nota de tapa con seguridad. Sus borracheras y algunas "peculiaridades" (como ser amante de las dos hermanas de Napoleón al mismo tiempo), sumadas a su innegable virtuosismo, le aseguraban estar en boca de todos.

Cuando murió, se le negó la sepultura en tierra consagrada (lo cual significaba, en esos tiempos, que quedabas afuera del cementerio). Sucede que, ni aún agonizando, Paganini aceptó que le suministraran la extremaunción, a pesar de que se hicieron varios intentos. O sea, siguió haciendo crecer la leyenda negra hasta en esos momentos.

Finalmente, hubo que embalsamar el cuerpo y dejarlo en el sótano del hijo por espacio de dos años. Luego recibiría sepultura en un lazareto (y sería trasladado en dos ocasiones más).

Otro colega anterior a Paganini supo ganarse cierta fama diabólica también. Me refiero a Giuseppe Tartini.


Y no es que podamos comparar al buen Giuseppe con el pillín de Paganini, porque Giuseppe Tartini fue más bien devoto. Incluso, en cierta etapa de su vida proyectó hacerse sacerdote. Pero fue el amor de una mujer lo que le llevó a encarar otros caminos.

Lo cierto es que Giuseppe pasó a estudiar leyes, fue campeón de esgrima y, apenas incidentalmente, se interesaba un poco en la música.
Eran tiempos patriarcales (Giuseppe nació en 1692) y recién cuando su padre murió fue que nuestro amigo pudo casarse con su amor, Elisabetta Premazore, desaprobada por su progenitor. Pero eso le causó otro conflicto: Elisabetta era la "favorita" de un Cardenal poderoso, de modo que todo terminó mal y Giuseppe debió recluirse en un convento para escapar de las garras de un proceso que le iniciaron.

La vida había cerrado un extraño círculo. El hombre que no quiso convertirse en sacerdote, ahora estaba encerrado en un convento.

Los días transcurrían lentos y Giuseppe encontró una afición: aprendió a tocar el violín. Y una noche tuvo un sueño muy pero muy extraño:


En sus propias palabras, Giuseppe soñó con el Demonio y, en particular, soñó que había hecho un pacto diabólico. Como resultado del contrato infernal, tenia cuanto quería y se cumplían todos sus deseos.
Un día, platicando con el Diablo, tocaban el tema de la música y Giuseppe le tendió su violín para que Lucifer le interpretase una pieza. Entonces, éste tocaba una sonata tan exquisita como nunca nadie había oído, al punto que era extasiadora.

Despertó de golpe Giuseppe y trató de poner en notas lo que había oído, pero fue en vano. Sin embargo, compuso en ese momento una pieza que pasaría a la historia y se llamaría, precisamente, "El trino del diablo".

Cualquier músico hubiera estado feliz de acreditarse esa composición, pero Giuseppe no. Siempre dijo que le resultaba frustrante no haber podido recordar la sonata de su sueño, que le resultaba tan inigualable como inalcanzable.

Hay quienes redoblan la apuesta y dicen que en el cuarto de Giuseppe apareció un segundo violín al día siguiente, nuevo y reluciente.
¿Olvidado por un ejecutante diabólico, quizás?

lunes, 29 de agosto de 2011

EL VIAJERO DE LAS FINANZAS


Amigo/a lector/a de este delirante blog, voy a formularle una pregunta: ¿Qué haría usted si pudiera viajar en el tiempo?

Estoy seguro de que las respuestas serán notablemente variadas. Algunos pensarán que es mejor mantenerse en el presente, otros desearán volver en el tiempo para cambiar algunas cosas, habrá quienes piensen en reencontrarse con seres queridos que ya no están y, seguramente, no faltarán quienes deseen curiosear en el futuro.

Por supuesto, más allá de los intereses científicos, culturales, afectivos y demás, también los hay más mundanos y directos. Volver al pasado sabiendo lo que va a ocurrir, puede resultar una posibilidad para enriquecerse. De eso trata la historia que les traigo hoy.

Allá por fines del año 2002 comenzó a circular una leyenda urbana persistente. Se decía que un individuo llamado Andrew Carlssin había sido arrestado por la policía neoyorquina, a pedido de la SEC (Securities and Exchange Comission), organismo federal de USA que vigila, entre otros cometidos, las transacciones en el mercado de valores.



¿Cuál era el crimen cometido por este hombre? En principio, se sospechaba que manejaba información privilegiada y secreta sobre empresas, pero los investigadores sabían que tenía que haber algo más, mucho más, detrás del buen Andrew.
¿Por qué? Pues porque había realizado 126 operaciones de compraventa de acciones en la Bolsa y las 126 habían arrojado enormes ganancias, al punto que había comenzado con 800 dólares y ahora poseía inversiones del orden del los 350 millones de dólares. Y todo en menos de un año.

Los chicos de la SEC no son gente que se chupe el dedo. Partían de la base de que Carlssin era el "hombre de paja" de algún grupo delictivo que, por medios ilegales, había obtenido información de empresas. Pero aún así, estaban sorprendidos. Por mucho que intentaran diagramar la maniobra, los resultados sobrepasaban las posibilidades de cualquier banda mafiosa.

Además, había un detalle nada menor que había surgido en las investigaciones: antes del año 2002 no existía el tal Andrew Carlssin en ningún registro oficial.

¿Entonces? Entonces había que interrogar al tipo y llegar al fondo del asunto. Pero lo que Andrew les dijo los descolocó del todo:


Al principio, trató de justificar sus inversiones adjudicándolas a la buena suerte. Luego, afirmó que había estudiado el mercado y sacado conclusiones. Pero la suerte y los conocimientos no podían avalar lo que no tenía justificación.

Al final, Carlssin se derrumbó y realizó una declaración de cuatro horas de duración, para la cual nadie estaba preparado: afirmó provenir del año 2256 y haber viajado en el tiempo con una sola finalidad, la de hacerse rico y llevar una buena vida.
Gracias a que tenía un trabajo administrativo en el laboratorio militar donde se había desarrollado la tecnología necesaria, clandestinamente se había jugado el pellejo para realizar el viaje en el tiempo. Y allí estaba.

Las autoridades policiales y la SEC reaccionaron como cabía esperar. Juzgaron que el tal Carlssin había obtenido una falsa identidad por medios ilegales, así como ahora optaba por hacerse pasar por loco para zafar de las acusaciones. Asunto terminado.

Pero allí entraron en acción otros resortes. La investigación fue de interés del FBI y ellos se hicieron cargo de Carlssin. Asimismo, la CIA entró en contacto con el tema y otras agencias de inteligencia manifestaron interés. Pronto, muy pronto, el paradero de Carlssin fue desconocido: se dijo que había sido internado en un manicomio, que había sido liberado por falta de pruebas, que todo el asunto era un invento de una revista sensacionalista, etc., etc.

Lo cierto es que Andrew Carlssin no volvió a ser visto. Y todo el asunto no pasa de ser una anécdota, una leyenda urbana.


¿O no?

viernes, 26 de agosto de 2011

"DUENDES" EN SANTIAGO DEL ESTERO


Suncho Corral es una localidad de Santiago del Estero (Argentina), donde últimamente se han reportado varios ataques perpetrados por un extraño duende.

De pequeña estatura, orejas de tamaño anormal y tocado con un sombrero enorme en punta, esta especie de "pequeño monstruo" agrede principalmente a quienes anden solos en la noche.

El primer caso denunciado sucedió allá por mayo pasado: un jovencito que regresaba a su casa después de asistir a un cumpleaños, fue interceptado y golpeado por este ser.
Posteriormente, sería el turno de un niño que se dirigía a casa de un vecino y sufrió el susto de su vida cuando el duende le cerró el paso y le propinó unos golpes. Sus gritos alertaron a la gente, que salió a la calle y provocó la huida del extraño.


Mejor suerte corrió un poblador adulto, que volvía de trabajar en bicicleta a altas horas de la noche, cuando el desagradable espantajo surgió de las sombras e intentó hacerle caer a toda costa. El hombre consiguió recuperar el equilibrio y huir a todo pedal del sitio.

Por supuesto, son muchas las teorías respecto a estos sucesos. Desde simples bromas hasta "cuentos de viejas", los escépticos prefieren mantenerse dentro de las cómodas fronteras de lo cotidiano, mofándose de todos los demás.

Uno que no es tan escéptico es el cura local, párroco de la iglesia San Miguel Arcángel, quien aventuró que el centro del problema pudiera radicar en "un trabajo de magia" que quizás sirvió para invocar una presencia no deseada.


Entretanto, para la gente mayor del pueblo, el asunto no tiene nada de anormal. Son muchos los que sostienen que este "duende" suele presentarse en determinados años concretos, a veces con espacio de décadas entre una y otra aparición.

¿Simples supersticiones? Ustedes dirán.
La yapa:

El nombre de Suncho Corral me sonaba y me sonaba, pero no sabía por qué. Al final, me avivé: revolví unos cuantos papeles y encontré la causa:



En la madrugada del 15 de julio de 1990, una camioneta circulaba por la estrecha ruta que unía las localidades de Taboada y Suncho Corral. Dos matrimonios volvían de una reunión familiar que se había llevado a cabo en Taboada.

De improviso surgió en el cielo nocturno lo que primero parecía una luz y luego se reveló como un OVNI de forma típica: metálico, bien delineado y emitiendo una luz anaranjada.
Conforme el objeto se aproximaba a la camioneta por delante, enmudeció la radio que estaban sintonizando.

La lógica reacción de Alex Hallak (conductor del vehículo) fue frenar y evitar toda proximidad. Giró la camioneta y tomó la dirección por la cual habían venido. En lo que duró la maniobra, los ocupantes del vehiculo pudieron apreciar mejor el OVNI, concluyendo que tendía unos veinte metros de diámetro.



Además, al estar más próximos al objeto, pudieron apreciar un domo en la parte superior y una especie de conductos o ventanillas rodeando la parte baja.

Como contarían posteriormente, la primer impresión que tuvieron oscilaba entre el miedo y la fascinación. Pero el miedo prevaleció, sobre todo cuando la huída en sentido contrario no tuvo los efectos deseados: el OVNI se dedicó a perseguirlos en vez de alejarse.

Con la camioneta a máxima velocidad (pese a la presencia de un bebé con ellos), el conductor aterrorizado tocaba bocina continuamente, intentando llamar la atención de eventuales coches con los que pudiera cruzarse.

Finalmente, tras seis o siete kilómetros se encontraron con un camión Scania que venía en dirección contraria y, fuese por casualidad o adrede, el OVNI se desinteresó de la persecución y se alejó. Hallak detuvo la camioneta al costado de la ruta y el camionero hizo lo mismo, pensando que hubieran padecido alguna avería o problema (a la vez que le llamó la atención la "luz" que perseguía a la camioneta).

Los Hallak y los Paz (el otro matrimonio) durmieron en casa de familiares y al día siguiente volvieron a Suncho Corral. Dudaban si comentar o no el fenómeno visto, pero pronto se convencieron de hacerlo. Ni bien llegaron al pueblo, encontraron gran agitación entre la gente: en noches anteriores, tanto una patrulla policial como una partida de cazadores observaron atónitos en el cielo la presencia de diversos objetos luminosos, en las afueras de la localidad.

Hasta el día de hoy, el fenómeno permanece inexplicado.
¿Podría estar conectado con la aparición de seres extraños? No sería la primera vez.

martes, 23 de agosto de 2011

HUMANOIDES: EL PRIMER CASO ARGENTINO


La ufología no está libre de las mismas influencias que suelen opacar cualquier otra clase de estudios: el continuo mirar a la cultura anglosajona, como si ésta fuera la única existente.

Con ánimo de evitar esta esta especie de "astigmatismo cultural", hoy les traigo un caso que habría dado la vuelta al mundo noticioso y del que se habrían escrito numerosos artículos...caso de haber sucedido "en el lugar apropiado".
Pero aconteció en Argentina.

El 18 de febrero de 1950 se presentaba como un día común y corriente en las cercanías del Lago Argentino (Santa Cruz, Argentina). Más aún en un medio rural agreste, donde las jornadas están marcadas por las tareas rutinarias. Pero para Wilfredo Arévalo, ese día iba a resultar inolvidable.

Wilfredo era un estanciero y estaba recorriendo sus tierras en camioneta, cuando notó unos objetos brillantes en el cielo. Eran cerca de las 18:30 y en las postrimerías de la tarde, el sol reflejaba su luz en ellos.
Pensando que fuesen aviones, el estanciero detuvo su vehículo y se bajó para observar mejor. Pero pronto notó que los objetos no eran aviones, sino aparatos discoidales que se aproximaban a tierra.


El señor Arévalo no conocía nada acerca de OVNIs o extraterrestres. Jamás había leído algo sobre el tema. Por lo tanto, su primer interpretación fue que se tratase de algún nuevo tipo de aparato aéreo, que estuviese probando la Fuerza Aérea Argentina.

Esperó entonces, pensando que los "pilotos" harían una pasada sobre la estancia y continuarían su vuelo. Sin embargo, se sobresaltó un poco cuando notó que las máquinas seguían su descenso, hasta que por fin una de ellas aterrizó y la otra se mantuvo suspendida a unos veinte metros del suelo.

Pero "sobresalto" es una palabra leve para describir lo que Arévalo sintió cuando observó detenidamente el extraño aparato posado en tierra a unos metros de su persona: el examen objetivo de lo que tenía ante sí, le convenció plenamente de que no se trataba de una máquina de factura humana.

He aquí lo que el estanciero dibujaría posteriormente. Véanlo y después les comento lo que Arévalo describió:


Se trataba de un aparato circular, en cuyo derredor se notaba lo que parecía un plano giratorio muy luminoso. En la parte superior, una cabina transparente permitía ver en su interior la frenética actividad de cuatro "seres" que, definitivamente, no eran humanos: bastante más altos que una persona común, los cuatro eran idénticos en sus semblantes y facciones, "tan pálidos como si se tratase de muertos".

Parecían consultar instrumentos de a bordo, absortos en sus tareas hasta que uno de ellos notó la presencia de Arévalo. Fue entonces cuando dirigieron hacia el estanciero "una especie de reflector" muy potente, al punto que tuvo que cubrirse la vista.

Aún así, alcanzó a notar que se incrementaba "un vapor azul-verdoso" que ya había notado sobre el aparato (y no debajo de éste), al tiempo que la máquina se elevaba, desapareciendo luego junto con la otra en dirección a la frontera chilena.

Arévalo estaba ahora decidido a investigar, pero no se sentía bien. Se fue a su casa y volvió al día siguiente con una partida de peones. Constató que la zona donde el aparato se había posado estaba chamuscada, pero fuera de eso no se veían otros indicios.

Pensando que otros estarían más capacitados para explicar el caso, denunció el hecho ante la aviación militar argentina y dio cuenta del mismo a los periodistas de "La Razón".

Sesenta y un años después, aún permanece inexplicado este episodio. Y conforme siga pasando el tiempo, entrará sin dudas en el limbo del olvido, hasta convertirse en algo que "nunca sucedió".