lunes, 7 de noviembre de 2011
NAUFRAGOS DEL TIEMPO
1943 no era un buen año para andar navegando por el Pacífico. Las acciones de la Segunda Guerra Mundial estaban en pleno desarrollo.
Como suele suceder, las grandes batallas pasaron a los libros de Historia, mientras que los episodios pequeños sólo encontraron cabida en algunas notas de prensa de tono anecdótico.
Precisamente, lo que les voy a contar a continuación es uno de esos hechos minúsculos, tan inusual que encuentra cabida en este blog de cosas raras. A falta de un nombre, el episodio podría titularse como un encuentro con tres náufragos del tiempo.
Nuestra historia empieza entonces en 1943 y transcurre en una zona próxima al archipiélago Bismarck (al noroeste de Nueva Guinea), donde un grupo de tres lanchas torpederas norteamericanas se encuentra patrullando.
Recorren las islas volcánicas de la zona, buscando indicios de la presencia japonesa y tomando nota de las zonas minadas. El comandante de la patrulla es un oficial llamado James Myers.
Ya cortos de combustible, están casi al límite de su rango de acción cuando un marinero da el alerta: parece haber presencia humana en una pequeña playa de una islita sin nombre. Todo el mundo ocupa sus puestos de combate y se prepara para la acción. Myers toma sus binoculares y se lleva una sorpresa: dos hombres agitan sus brazos para llamar la atención de la flotilla, mientras un tercero intenta usar un espejito para hacer señales.
No son japoneses. Se trata de dos hombres blancos y un nativo. Myers da las órdenes pertinentes para que su lancha se aproxime y usa una balsa de desembarco, mientras que las otras dos torpederas se mantienen alerta.
Debe proceder con cautela, pues los japoneses han usado prisioneros para atraer rescates y atacar a quienes acuden.
Finalmente, entre señas y gritos, los hombres de la playa les han indicado el camino menos peligroso para llegar a la costa.
Myers desembarca con su pequeña dotación y es entonces cuando uno de los hombres blancos se adelanta y le tiende la mano. Hablando en inglés, se presenta como Ben Patterson, de nacionalidad británica.
Acto seguido, Ben presenta a sus compañeros: un francés de apellido Lafaye y un nativo al que simplemente apodan "Doug". El británico afirma ser el capitán de un buque pesquero, el "Rabaul King", habiendo naufragado tras chocar contra un arrecife.
Si han podido subsistir, ha sido gracias a la pesca, los frutos naturales y la inesperada presencia de cabras en la isla, quizás dejadas allí por alguna expedición. El agua no es un problema, pues existe una laguna interior de agua dulce.
La conversación es interesante, pero en medio de ella surge el peligro. Se divisa un aeroplano lejanísimo, que los binoculares de Myers pronto identifican como un Mitsubishi Ki-15, avión de reconocimiento japonés.
Myers no sabe si la tripulación del aparato ha visto o no su flotilla. De todas formas, no puede arriesgarse: toma la decisión de volver a la lancha torpedera y retirarse. Por supuesto, pretende incluir también a los náufragos en su regreso a la base.
Pero se encuentra con una sorpresa: los tres le dicen que se quedarán en la isla.
En particular el capitán Ben le explica a Myers que, si les hicieron señas para que desembarcaran, fue sólo para advertirles de un peligro: un grupo de destructores japoneses estaba en la zona y la dirección que llevaban las tres lanchas torpederas les hubiera hecho ir directo a ellos.
"¿Puedo hacer algo por usted?", alcanzó a decir Myers.
"Llévele esta carta a mi esposa, que está en Brisbane", contestó el capitán Ben.
Myers se retiró a toda prisa y transmitió la posible posición del grupo enemigo. Al regresar a la base, su superior le confirmó que habían localizado siete destructores japoneses en el rumbo informado por los náufragos.
"De buena se salvó al tener esa información", le comentó el comandante.
Y era cierto, porque la potencia de fuego de siete destructores habría sido mortal para la flotilla de lanchas.
La guerra es la guerra y aún tenía reservadas varias vicisitudes peligrosas para Myers. Pero ninguna tan terrible como aquella de la cual fue advertido por tres náufragos.
Decidió que, apenas pudiera, localizaría a la esposa de Ben Patterson y entregaría la carta personalmente, además de ocuparse de que una nueva partida de desembarco acudiera a la isla.
Pero su misión tuvo que esperar tres años para poder llevarse a cabo. Recién entonces fue que, ya con la guerra finalizada, las aguas del Pacífico fueron seguras para la navegación civil. Allí fue cuando Myers rentó un pequeño navío, con la idea de regresar a la islita de los náufragos.
Nunca pudo ubicarla, pese a que realizó tres viajes.
La explicación más plausible fue que, siendo una isla volcánica, quizás hubiera desaparecido por motivos naturales, erupciones submarinas o lo que fuera.
El siguiente paso de Myers fue acudir a Brisbane y tratar de ubicar un domicilio de Ben Patterson.
La capitanía del puerto le pareció una buena opción para empezar, dado que llevaba registros fiables de buques y tripulaciones. Además, la presencia de un amigo en esas oficinas le facilitaría las cosas.
Sin embargo, los datos aportados por el amigo de Myers fueron desconcertantes. El único buque desaparecido de nombre "Rabaul King" se había hecho a la mar por última vez en 1901, o sea, cuarenta y cinco años atrás. Su capitán era Benjamin (Ben) Patterson, oriundo de Gran Bretaña, nacido en 1861.
Pero el Ben Patterson que vio Myers no era, precisamente, un hombre octogenario.
¿Entonces?
Aún quedaba una posibilidad de averiguar la verdad: una dirección en las afueras de Brisbane.
Durante la guerra, Brisbane había sido importante base aliada. Esto había traído consecuencias indeseables: superpoblación, cierre de escuelas, aumento del crimen, desplazamiento de los civiles hacia lugares más tranquilos, etc.
Myers no tenía demasiadas esperanzas, pero acudió a la dirección con la carta encomendada.
Quedó petrificado cuando fue atendido en la puerta por un hombre muy parecido, en aspecto y en edad, al náufrago Ben Patterson. Pero no era él.
Entrecortado, Myers explicó el propósito de su visita al hombre, que no pareció sorprenderse en absoluto. Por el contrario, le hizo pasar y, acto seguido, trajo a su presencia a la esposa de Ben Patterson, que era una señora de unos ochenta años.
"Mamá, este es el señor Myers y trae otra carta de papá", dijo el hombre con total naturalidad.
Y acto seguido, le explicó al boquiabierto Myers la increíble situación.
Ben Patterson había desaparecido en 1901, estando embarazada su esposa. Capitaneaba el buque "Rabaul King", en el cual tanto el francés Lafaye como el nativo Doug eran parte de la tripulación.
Todas las búsquedas del barco o de posibles supervivientes de un naufragio habían fracasado. Pero el tiempo pasó y un día de 1905 apareció una persona que traía una carta de Ben para su esposa.
El portador de la misiva navegaba un pequeño yate y al pasar cerca de una isla que no estaba en su mapa, notó que tres hombres le pedían que se acercara a la costa mediante señales y gritos. Al acortar la distancia, le dijeron que guareciera su yate en una bahía de la isla, pues se aproximaba una terrible tormenta.
Un poco incrédulo, lo hizo de todas maneras y esto fue su salvación, pues efectivamente se desató una tempestad, que habría hundido su embarcación en caso de hallarse en alta mar.
Pasado el mal tiempo, se ofreció a llevar a los tres hombres de regreso con él, pero estos declinaron volver. Y uno de ellos le pidió que llevara esa carta.
Con los años, la escena se repitió una y otra vez. Una o varias personas eran salvadas de un peligro inminente que no conocían, al acudir a la isla ante las señas y gritos de los náufragos. Y luego se les pedía que trajeran una carta.
La señora Patterson, si al principio no había entendido los motivos que tuviera su esposo para permanecer en esa isla, pronto comprendió que se trataba de un hecho sobrenatural. Los años pasaban, pero cada portador de una misiva había visto a un Ben Patterson que no avanzaba en edad. Y cada carta, a la vez que transmitía un mensaje de amor para la señora Patterson y su hijo, aclaraba que Ben no podía regresar pues tenía "una misión de ayuda al prójimo que cumplir".
La señora Patterson fallecería en 1949, tras recibir 62 cartas de su esposo "desaparecido" en 1901, siempre traídas por personas que habían sido salvadas de un peligro inminente.
¿Salvadas por quién? Por tres náufragos del tiempo.
La historia se conoció cuando James Myers publicó un libro contando sus anécdotas de guerra. La obra pasó sin pena ni gloria por las librerías, pues corrían tiempos donde todo el mundo quería olvidarse de la guerra. En cuanto a la prensa australiana, el episodio de los náufragos y las cartas mereció una nota de muy breve extensión, donde fue catalogado como "cuentos de viejas".
Pero en este blog le damos crédito.
viernes, 4 de noviembre de 2011
ARTISTA DE MEDIO TIEMPO
El sonriente pelado de la foto se llama Lee Hadwin y es enfermero. Le gusta su trabajo y no tiene ningún interés en el arte....hasta que se duerme.
Porque una vez dormido suele entrar en estado de sonambulismo y allí entonces se dedica a dibujar con buen tino, dando muestras de un talento que no posee en su vida lúcida.
Es sonámbulo desde pequeño, pero su extraño talento sólo comenzó a materializarse hacia los dieciseis años. Una vez despierto, ni siquiera logra reconocer los dibujos o "sentirlos" como propios.
Por más detalles, nunca tuvo inclinaciones artísticas y, encima, tenía pésimas notas en expresión plástica.
El caso fue estudiado por la Clínica del Sueño de Edinburgo. De acuerdo al director de dicho centro, no es inusual que las personas sonámbulas puedan hacer tareas sencillas cuando están en ese trance. Pero lo raro del amigo Lee es que realiza una tarea creativa, cosa que no ha sido observada en sonámbulos anteriormente. Ni siquiera tiene formulado un diagnóstico concreto para su condición, aunque algunos médicos se inclinan por "un tipo muy raro de epilepsia".
¿Enfermero? ¿Sonámbulo? ¿Artista? ¿Epiléptico? A Lee no le importa cómo lo cataloguen.
Ha decidido usar su extraño talento para ganar algo de dinero y, de paso, apoyar buenas causas. Subasta sus obras y dedica parte de lo obtenido a obras de caridad. Bien por él.
Veamos algunos de sus trabajos:
Nada mal para ser un tipo....medio "dormido", ¿no?
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martes, 1 de noviembre de 2011
LOS SUBMARINOS DE FRONDIZI
Arturo Frondizi fue un abogado y periodista argentino, que ocupó el cargo de presidente entre 1958 y 1962. Además de los movidos avatares de la política de su país y la internacional en ese período, debió enfrentar una extraña situación, un archivo XXL que pasó a la historia como "los submarinos de Frondizi".
Ya en febrero de 1957, antes de Frondizi, se había producido un episodio de alarma entre la armada argentina: detectaron lo que parecía ser un submarino de origen desconocido en el Atlántico, al cual trataron por cinco días de rastrear e identificar sin éxito.
En mayo de 1958 comenzaron a correr rumores de operaciones navales, ante lo cual el ya por entonces presidente decidió brindar una conferencia de prensa, dejando boquiabiertos a los periodistas reunidos, a los que informó de la detección de un submarino no identificado en la zona del Golfo Nuevo (Chubut), el cual estaba siendo perseguido y atacado por la marina argentina.
Si había decidido infiltrarse en aguas jurisdiccionales argentinas, el submarino intruso no podía haber elegido peor sitio: se trataba del lugar donde, precisamente, la armada se hallaba realizando maniobras.
La cuestión es que el intruso fue duramente atacado por la marina y la aviación naval. Los informes preliminares daban cuenta incluso de que habría sido severamente averiado, pero lo cierto es que no se hallaron restos que así lo acreditaran.
Volvería a acontecer lo mismo en octubre de 1959, en el mismo sitio. Con los mismos resultados: el sumergible eludió prolijamente los esfuerzos conjuntos de la marina y la aviación argentinas.
Pero las cosas recién empezaban.
Esto no era más que un "calentamiento", siendo que el asunto se pondría de veras serio al año siguiente, cuando sucedería lo que la prensa llamó "la batalla del Golfo Nuevo".
Al sur de este mapa pueden apreciar el Golfo Nuevo y su principal puerto, Puerto Madryn.
El 30 de enero de 1960, algunas unidades de la armada argentina que se hallaban en el golfo distinguieron un submarino que, viéndose detectado, se sumergió de inmediato.
Dado el alerta, el alto mando puso en juego absolutamente todo lo que tenía en la zona. Los subsiguientes rastreos de sonar detectaron la presencia de dos sumergibles que desarrollaban velocidades muy poco comunes.
De inmediato se ordenó el ataque por parte de la aviación, que utilizó hidroaviones para bombardear a los intrusos. Tras días de sucesivos ataques, se constató que uno de los submarinos había escapado y el otro seguramente había sido averiado, pues se vio obligado a salir a la superficie en la noche, siendo avistado y atacado por artillería de buques.
En vista de que uno de los misteriosos sumergibles había eludido el cerco, la armada argentina trató de evitar por todos los medios que el otro ganara también el océano. En una operación sin precedentes, los buques "Cervantes", "King" y "Muratore" procedieron a minar por completo los 16 kilómetros de ancho de la boca de salida del Golfo Nuevo.
Aquí se ven los tres navíos en cuestión:
Bloqueada la salida, se habían acabado las opciones del intruso. Junto con el minado, se había dispuesto la movilización de tropas terrestres a lo largo de las costas del Golfo Nuevo, para imposibilitar un desembarco de la tripulación enemiga, fuese ésta la que fuese.
Como medida complementaria, por la noche se disparaban bengalas incesamente sobre las aguas, al tiempo que varios reflectores trasladados especialmente a la zona, barrían la superficie en busca de ubicar al submarino fantasma.
Mientras tanto, los periódicos especulaban sobre el origen, intenciones y posibilidades del intruso.
Pronto comenzaron a publicarse esquemas que mostraban la profundidad del Golfo Nuevo (que era sumamente variable en su extensión), sugiriendo cómo se estaría ocultando el submarino para evitar los ataques:
Como los días pasaban y no surgían más indicios, el 11 de febrero fue dada la orden presidencial de ataque total. El significado práctico de ello fue la participación de 40 aviones y 13 buques de guerra en un operativo que procuró por todos los medios la destrucción del submarino.
Todas las rutas comerciales fueron desviadas de la zona y las actividades de pesca fueron prohibidas por tiempo indeterminado.
El día 13 de febrero se sumó a la fuerza de ataque un equipo especial de lucha antisubmarina, enviado por EE.UU. y pertrechado con cargas de profundidad y boyas de localización de última generación.
Parecía sellada la suerte del intruso.
Parecía...pero al día siguiente la situación dio un vuelco inesperado y el ratón se transformó en gato.
El 14 de febrero, los asombrados operadores de sonar argentinos detectaron la presencia de dos naves submarinas de tamaño mucho más grande que cualquier sumergible que conocieran.
Maniobraban a alta velocidad alrededor de la flota argentina, en intento aparente de ayudar al intruso a romper el cerco.
La respuesta de la armada argentina fue sumar varias naves más a la operación, incluyendo al portaaviones "Independencia":
Entre los días 15 y 20 de febrero se produjeron varios incidentes entre los intrusos y la flota argentina.
Siempre con el mismo patrón: detección, localización, ataque y....nada.
Pero el día 21 de febrero, la armada argentina decidió sacar un as de la manga: un nuevo tipo de torpedo electrónico.
A diferencia de lo conocido hasta entonces, este tipo de torpedo se consideraba extremadamente difícil de eludir: disparado en forma convencional por submarinos o naves de superficie, al llegar a cierta distancia del blanco se activaba un sensor electrónico que guiaba de allí en más el arma hasta su destino.
El golpe de suerte pareció presentarse en la madrugada del 21 mismo: detectado el submarino, le dispararon un torpedo que se acercó peligrosamente a su blanco y....luego falló.
Dos torpedos más corrieron igual destino, seguidos de una serie que se lanzó desde aviones y, pese a ser guiados por sonar, no dieron en el blanco.
El día 22, sin embargo, corrieron rumores de que un submarino había emergido brevemente en el golfo, dejando una mancha de aceite tras de sí. De ser cierto, significaba que el intruso estaba averiado.
En vista de ello, comenzaron a lanzarse cargas de profundidad cada diez minutos, para obligarlo a subir (o destruirlo en su caso), al tiempo que se buscaba impedir que los buzos del submarino efectuaran reparaciones.
Pero los días pasaron sin más novedades y el "barrido" de la zona por el sonar ya no arrojó señal alguna.
El 25 de febrero se dio por concluida la operación, que había sumado la mayor concentración aeronaval argentina hasta entonces.
¿Qué eran los "submarinos de Frondizi"?
En tren de intentar explicar este misterio mayúsculo, se formularon una serie de hipótesis, ninguna de las cuales era demasiado completa o apropiada.
En principio, se pensó en submarinos de "una potencia extranjera" (eufemismo que se usaba para significar la Unión Soviética sin decirlo expresamente). Pero más allá de las lógicas negativas del gobierno de la URSS, lo cierto es que nunca hubo indicios reales de tal cosa.
Lo siguiente fue apuntar a que se tratase de un submarino procedente de otro país distinto de la URSS. Pero la hipótesis se anulaba del mismo modo. Además, ya al principio del asunto, el gobierno de Frondizi había enviado comunicados a 26 países distintos solicitando especificar si el navío operaba bajo su bandera. Todos lo negaron (aunque muchos eran "afines" a los intereses argentinos de la época y, si el submarino hubiera sido suyo, habrían podido solucionar el problema bajo cuerda).
Igualmente, hago notar un pequeño "problemita": tuviese la bandera que tuviese el submarino, ninguna hipótesis lograba explicar cómo había escapado a la destrucción o la captura en un golfo con la salida minada y tras tres semanas de vigilancia y nutrido ataque.
Un marino español llegó a sugerir una hipótesis bien extraña: pensó que se trataba de un submarino alemán de la Segunda Guerra Mundial, de aquellos que llegaron a las costas argentinas tras la derrota nazi. Desembarcados sus pasajeros y carga clandestina, habría sido hundido por su tripulación y sus restos fueron detectados por la armada argentina quince años después, provocando toda la confusión subsiguiente.
Un tanto difícil de creer, porque no se explica cómo esos restos pudieron emerger siete veces, evadir velozmente la persecución y verse ayudados por otros...¿restos también? de mayor tamaño. Imposible.
Ninguna de las hipótesis formuladas explica entonces lo principal: aún suponiendo que se tratase de un submarino de avanzada, perteneciente a cualquier país, ¿cómo evitó la destrucción en esas circunstancias?
Esta pregunta se la formularon también los ufólogos, no en el momento de los hechos sino varios años después. La respuesta posible hace pensar en tecnologías muy lejos de nuestras posibilidades.
Quizás provenientes de otros mundos.
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Misterios,
OVNIs y otras andanzas alienígenas
sábado, 29 de octubre de 2011
NAPOLEÓN Y LOS ALIENÍGENAS
Ya sé que todavía no terminó el año, pero me animo a decirles que la noticia que les traigo seguramente será la más loca del 2011 en lo que respecta a expedientes XXL:
"Un investigador francés afirma haber encontrado un microchip de tecnología no terrestre en el cráneo de Napoleón Bonaparte".
¿Vieron que no estaba exagerando? Y ahora veamos de dónde surge esto.
Resulta ser que el Dr. André Dubois y su equipo solicitaron al gobierno francés la posibilidad de examinar el cráneo del emperador Bonaparte, en busca de indicios de desórdenes pituitarios que pudiera haber padecido en vida el gran corso.
Y una vez obtenido (y pagado) el correspondiente permiso, pusieron manos a la obra.
Lo que encontraron superó todas las expectativas:
“Al examinar el interior del cráneo mi mano entró en contacto con una pequeña protuberancia. Luego la observé con una lupa y me sorprendí mucho al comprobar que el objeto correspondía a un microchip súper avanzado”.
Según parece, el microchip fue examinado y no corresponde a nuestro estado tecnológico (menos que menos al de los siglos XVIII o XIX).
Naturalmente, esta historia debía ser tomada con pinzas. Entonces, me puse a averiguar y encontré que está circulando en Internet como si el descubrimiento hubiera acontecido el mes pasado (septiembre). Pero es bastante sencillo rastrear la fuente, que data de agosto y no es otra más que Weekly World News, maravillosa publicación delirante (de la que ya hablamos en este post), que ahora sólo subsiste como página web.
Vista la fuente, sólo cabe hacer dos cosas: primero, decir que la inventiva de los redactores de WWN sigue tan impecable como cuando la revista era un éxito total. Y en segundo lugar, reirse un poco, claro está.
Pero después surgió otro dato interesante: la "noticia" puede rastrearse más atrás de su publicación en WWN y puede verificarse que circulaba por Internet por lo menos desde febrero del año 2010.
¿Le aporta esto una nueva validez al episodio? Para nada. Simplemente confirma que alguien tuvo la idea antes que los muchachos de la Weekly. Y ahí termina todo.
Una pena. Porque hubiera sido la "noticia bomba" del siglo. O por lo menos, un lindo argumento para una novela de Philip K. Dick.
"Un investigador francés afirma haber encontrado un microchip de tecnología no terrestre en el cráneo de Napoleón Bonaparte".
¿Vieron que no estaba exagerando? Y ahora veamos de dónde surge esto.
Resulta ser que el Dr. André Dubois y su equipo solicitaron al gobierno francés la posibilidad de examinar el cráneo del emperador Bonaparte, en busca de indicios de desórdenes pituitarios que pudiera haber padecido en vida el gran corso.
Y una vez obtenido (y pagado) el correspondiente permiso, pusieron manos a la obra.
Lo que encontraron superó todas las expectativas:
“Al examinar el interior del cráneo mi mano entró en contacto con una pequeña protuberancia. Luego la observé con una lupa y me sorprendí mucho al comprobar que el objeto correspondía a un microchip súper avanzado”.
Según parece, el microchip fue examinado y no corresponde a nuestro estado tecnológico (menos que menos al de los siglos XVIII o XIX).
Naturalmente, esta historia debía ser tomada con pinzas. Entonces, me puse a averiguar y encontré que está circulando en Internet como si el descubrimiento hubiera acontecido el mes pasado (septiembre). Pero es bastante sencillo rastrear la fuente, que data de agosto y no es otra más que Weekly World News, maravillosa publicación delirante (de la que ya hablamos en este post), que ahora sólo subsiste como página web.
Vista la fuente, sólo cabe hacer dos cosas: primero, decir que la inventiva de los redactores de WWN sigue tan impecable como cuando la revista era un éxito total. Y en segundo lugar, reirse un poco, claro está.
Pero después surgió otro dato interesante: la "noticia" puede rastrearse más atrás de su publicación en WWN y puede verificarse que circulaba por Internet por lo menos desde febrero del año 2010.
¿Le aporta esto una nueva validez al episodio? Para nada. Simplemente confirma que alguien tuvo la idea antes que los muchachos de la Weekly. Y ahí termina todo.
Una pena. Porque hubiera sido la "noticia bomba" del siglo. O por lo menos, un lindo argumento para una novela de Philip K. Dick.
miércoles, 26 de octubre de 2011
¿OTRO CASO DE COMBUSTIÓN ESPONTÁNEA?
El señor Michael Faherty era un jubilado de 76 años que vivía en Galway, Irlanda. Y constituye todo un misterio la forma en que murió, ya que su cuerpo fue encontrado en el suelo de su sala de estar, casi carbonizado, sin que nada más en la habitación estuviera afectado por el fuego.
Una estufa a leña se hallaba encendida, quemando normalmente.
El forense policial declaró que era la primera vez, en 25 años de carrera, que se enfrentaba a un caso de tan difícil resolución. En particular, indicó que no encuentra otra explicación para la muerte sin ser la más increíble: combustión espontánea.
Los expertos descartaron la posibilidad de que el fuego de la chimenea fuera el causante. Y al no haber otro foco ígneo ni en la habitación ni en la casa, se quedaron sin respuestas.
El cuerpo fue encontrado cuando los bomberos acudieron a la finca del jubilado, ante la llamada de un vecino que informó de un fuerte olor a quemado. El vecino tocó a la puerta del Sr. Faherty y, al no recibir respuesta, procedió a dar la alarma.
El único daño sufrido por la casa se debió a un ennegrecimiento del techo de la sala de estar, debido al humo. No fueron encontrados residuos de combustible o acelerante. Ningún objeto cercano al cuerpo estaba quemado, así como tampoco el mobiliario.
Se realizó un completo peritaje de bomberos, así como una extensa reunión de patólogos y forenses locales, que no pudieron encontrar explicación a lo sucedido.
domingo, 23 de octubre de 2011
SOLDADO UNIVERSAL
Muchas veces, lo que la ficción nos presenta en literatura, cine y TV, tiene oscuras conexiones con hechos de la vida real. Posiblemente piensen ustedes que la ciencia-ficción escapa a la regla, porque trata (o debería tratar, al menos) de temas anticipatorios, pero no siempre es así.
Veamos un caso.
La idea de un soldado universal es, por ejemplo, bastante más antigua que la saga de películas y videojuegos de ese nombre. Por supuesto, no como un grupo de combatientes formado a partir de muertos resucitados, sino como tropas que no sienten la fatiga, realizan mayores esfuerzos, casi no necesitan dormir y, por si fuera poco, son bastante más activos y agresivos que un ser humano común y corriente.
¿Suena loco? No tanto, si pensamos en una "ayudita" bastante insospechada: las metanfetaminas.
Nuestra historia no comienza con algún "dealer" neoyorquino de los años '70 ni con policías encubiertos o cosa por el estilo. En realidad, debemos retroceder hasta el siglo XIX y situarnos en el ambiente más que respetable de los laboratorios farmacéuticos alemanes.
Corría el año 1877 cuando se sintetizó la anfetamina, droga a la cual no se pudo emparejar un uso médico inmediato. Recién en 1920 se hicieron algunos estudios serios sobre posibles aplicaciones en la cura y tratamiento de enfermedades (estudios demasiado optimistas, debemos decir).
La cuestión es que para 1930 la anfetamina se introdujo al mercado de los medicamentos bajo la forma de un inhalador contra la congestión nasal. Y antes del fin de esa década, ya estaba disponible bajo la forma de tabletas.
La metanfetamina, que es mucho más poderosa y encima más sencilla de fabricar, fue sintetizada en laboratorios japoneses en 1919 y, al igual que sucedió con su prima, al principio no se sabía qué hacer con ella. Pero denle un producto a la industria farmacéutica y ellos sabrán en qué emplearlo.
Así fue que nació el ""Pervitin".
¿Y para qué servía el Pervitin? Para nada y para todo. Es decir, no curaba nada específico, pero combatía la fatiga, aumentaba la concentración, prolongaba la jornada quitando el sueño, etc.
Lanzado al mercado en 1938, por la compañía farmacéutica alemana Temmler, pronto gozó de enorme popularidad en ese país. Y el fenómeno llamó la atención del gobierno nazi.
Fue cuestión de tiempo para que las autoridades médicas empezaran a preguntarse qué beneficio podría aportar un "medicamento" así para el esfuerzo bélico alemán.
El primer paso fue la experimentación con estudiantes universitarios voluntarios. Para mediados de 1939, los resultados de los tests ya eran alentadores y el tiempo apremiaba. Alemania invadió Polonia en septiembre y el alto mando consideró que "la droga maravillosa" (como se la llamaba) bien podía distribuirse entre sus tropas.
Al principio, se intentó introducir el producto en forma moderada y meticulosa. Se le suministró a algunos pilotos de combate y conductores de camiones de pertrechos. Obviamente, se pensaba que prolongar el estado de alerta y combatir el sueño eran efectos deseables en esas tareas.
Pero luego todo se desmadró.
La sustancia comenzó a ser demandada por los médicos militares, dado que la tropa les pedía "algo para combatir la fatiga". Fue así que el Pervitin y el Isophan (un similar producido por otro laboratorio) empezaron a llegar a los soldados, bajo el inocuo nombre clave de OBM, con la no menos inocua etiqueta que decía, simplemente, "Estimulante".
En principio, las recomendaciones dadas a los médicos militares por sus superiores, indicaban que la sustancia sólo debía suministrarse "excepcionalmente, ante la necesidad de mantener la vigilia".
Y ahí empezaron a llegar las historias hazañosas.
Tropas que combatían por días enteros sin dormir, infantería que cubría distancias excepcionales sin sentir fatiga, pilotos que realizaban misión tras misión sin perder el estado de alerta. Y lo mejor de todo parecía ser una combinación de mayor agresividad con mejor disposición para aceptar órdenes.
¿Qué puede haber de cierto en esto? Bastante, probablemente. Porque cualquier comandante reportaría gustoso estas hazañas de sus soldados. Aunque luego omitiría, por supuesto, reportar el "bajón" cuando pasa el efecto o la dependencia que notoriamente comenzarían a desarrollar.
Como sea, la cuestión es que millones de comprimidos (millones, literalmente) fueron distribuidos a las tropas alemanas. Naturalmente, cualquier efecto positivo que pueda haber causado el producto en los hombres, pronto fue equilibrado por los efectos negativos.
Pero la búsqueda de la "píldora milagrosa", esa que convirtiera al soldado común en una máquina de matar, no cesaría nunca.
El último intento conocido de los nazis, involucraba un misterioso fármaco en constante desarrollo, conocido con el nombre genérico de "Serie D"
La última composición conocida de la Serie D era un comprimido con cocaína, el infaltable Pervitin y un analgésico derivado de la morfina. A eso se le llamó "D IX"
La única prueba documentada de semejante "bomba química" consistió en tomar cierto número de prisioneros de un campo de concentración, colocarles 20 kilos de peso a las espaldas y hacerlos marchar por espacio de 100 kilómetros sin parar. Luego los médicos nazis se limitarían a informar, con su característica mezcla de sadismo y lenguaje burocrático, que "los resultados fueron superiores a los esperados".
Mientras tanto, los Aliados también usaban "ayudas químicas" para sus tropas. Especialmente, suministraban anfetaminas a las tripulaciones de bombarderos. Con esto combatían la fatiga y la monotonía de vuelos largos, al tiempo que brindaban una falsa sensación de omnipotencia a gente que corría grandes riesgos.
Para cuando la Segunda Guerra Mundial terminó, muchos ex combatientes regresaron a sus hogares convertidos en adictos. Algunos lo eran a la morfina, que estaba presente en todo campo de batalla y hospital de campaña. Y otros lo fueron a diversas sustancias, que les permitieron dominar el estrés de combate o mantenerse alerta.
¿Qué pasó con los comprimidos "Serie D"? Nadie lo sabe.
La última noticia oficial sobre ese fármaco data de 1944, cuando un jefazo de la marina nazi remitió un escueto mensaje solicitando se apuraran los resultados de su desarrollo. Pero al parecer, el desembarco de Normandía retrasó por completo esos planes.
De todas formas, al finalizar la guerra, los científicos alemanes involucrados en proyectos secretos fueron "reclutados" por los países vencedores, donde muchos lograron finalizar sus prototipos.
Algo es seguro: los experimentos continuaron. En USA hay un grupo de 35 veteranos de Vietnam que iniciaron una demanda contra su gobierno en 2010, alegando que les suministraron fármacos desconocidos como conejillos de Indias.
Ninguno de ellos sabe lo que les suministraron. Pero todos coinciden en afirmar que, fuese lo que fuese, prácticamente suprimió toda fatiga y hasta la necesidad de dormir, a la vez que los hacía sentir no sólo en alerta constante, sino prácticamente invulnerables.
Pero luego...
Llegó una fase en la cual se volvieron prácticamente locos, oyendo voces que les llamaban, viendo extraños animales que surgían de las paredes y sintiéndose perseguidos por fuerzas desconocidas.
En algunos casos, mucho antes de que los efectos secundarios desaparecieran, ya su vida social, familiar y laboral había quedado destruida.
¿Qué les dieron? ¿El enésimo desarrollo de la Serie D?
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Cosas que se hacen a tus espaldas
jueves, 20 de octubre de 2011
UN CASO PARA SHERLOCK HOLMES
Se rumorea que existe una maldición de Arthur Conan Doyle, la cual involucraría a todas las personas que, de una u otra manera, entran en tema con los derechos de las obras y papeles del escritor.
Puede que algo de cierto haya sobre el asunto, porque incluso el máximo experto sobre Sherlock Holmes terminó por entrar a la leyenda negra.
Richard Lancelyn Green había nacido en 1953 en Bebington (Cheshire, Gran Bretaña). Se graduó en Oxford en literatura inglesa, tras lo cual viajó extensivamente por Europa, India y el sudoeste asiático.
Pero si viajar le gustaba, había algo que lo fascinaba: todo lo vinculado con Sherlock Holmes, el famoso detective creado por Arthur Conan Doyle.
En particular, el "bichito" le había picado a los once años de edad, cuando leyó por primera vez un libro de dicho personaje. Tras terminar la lectura, acudió a su padre para pedirle algo inusual: la posibilidad de asistir a una de las conferencias de la "Sherlock Holmes Society", grupo de carácter social y literario creado en 1951, abierto a todos los interesados en Holmes, Watson y su mundo.
Tan contento quedó Richard con lo que escuchó en la conferencia, que para sus doce años ya era miembro formal de la sociedad y, no sólo eso, sino que comenzó a usar el ático de la casa familiar para establecer una colección de todo material vinculado a Sherlock Holmes.
Con el tiempo, llegó a ser presidente de la Sociedad que le admitió como miembro siendo un niño. Y era estricta justicia, pues de adulto se convirtió en el mayor experto y coleccionista de la temática de su héroe literario.
Su colección abarcaba de todo: películas, casettes, cartas, manuscritos, juguetes, posters, revistas, juguetes y peluches vinculados a los personajes de Conan Doyle y al propio escritor.
¿Y libros? Claro que sí, libros también. Baste decir que su biblioteca contenía cientos de primeras ediciones en diferentes lenguas, así como todo lo que encontraba sobre los personajes.
Para que quede claro: se supone que la biblioteca del amigo Richard era la mayor que un particular haya reunido sobre un autor en particular. Además, fue editor de la primer bibliografía completa y anotada de las obras de Conan Doyle, escribió varios estudios sobre el escritor y se encargó de publicar algunos de sus textos inéditos, así como antologías de otros escritores sobre el tema.
No es poca cosa.
Sin embargo, un mal día, el especialista caería en las redes de su obsesión y se transformaría en un caso para Sherlock Holmes.
Según parece, allá por marzo del año 2004 fue anunciada una gran subasta de manuscritos de Conan Doyle, a llevarse a cabo en la famosa firma Christie's.
Esto suscitó un gran interés en el mundo de los coleccionistas amantes de la literatura, a la vez que una gran inquietud en Richard. ¿Por qué? Porque pensaba que esa subasta dispersaría un legado que la hija de Conan Doyle deseaba que quedara en la British Library.
Richard expresó sus opiniones en contra de la subasta y, según parece, eso tuvo inesperadas consecuencias.
Por de pronto, en varias charlas con amigos, les contó que una persona de acento norteamericano le había amenazado por teléfono y, peor aún, le parecía que estaba siendo seguido y que alguien había irrumpido en su apartamento.
Cosas de un tipo excéntrico que cruzó la línea y pasó a ser paranoico, habrán pensado algunos.
Pero el 27 de marzo de 2004, cuando la hermana de Richard le llamó por teléfono como hacía cada noche, se encontró con una desagradable sorpresa: Richard no atendía y, en su lugar, aparecía un mensaje en la contestadora grabado por otra persona.....con fuerte acento norteamericano.
Al acudir precipitadamente, la hermana encontró a Richard muerto, estrangulado con unos cordones de zapatos. De forma macabra, el o los asesinos habían desnudado el cadáver y lo habían rodeado de muñecos y peluches de los personajes de Conan Doyle, parte de la colección que Richard tanto atesoraba. Además, había señales de lucha en todo el apartamento.
La Policía lo solucionó a su manera: decretó que Richard se había suicidado, así como así.
¿Las sospechas del occiso? Pura paranoia.
¿La voz en el contestador? Un truco armado por el muerto.
¿Las señales de lucha? Destrozos causados por el occiso para despistar.
¿El estrangulamiento? Producido por el suicida.
El caso se dio por cerrado y punto.
Quizás Sherlock Holmes hubiera investigado un poco más. Lo suficiente para arribar a una solución correcta y poder decirle a su amigo de todas las horas:
"Elemental, mi querido Watson".
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